Algunos escritores creen tener la capacidad para promover la paz y la tolerancia mediante sus obras de ficción, mostrando la realidad desde el punto de vista del otro. Entre los escritores israelíes contemporáneos, adhieren a esta tesis dos de los más reconocidos: A. B. Yeoshúa y Amos Oz. Así lo expresó Oz al recibir el Premio Príncipe de Asturias en octubre del 2007:
"Pero como lector no sólo observas a la mujer que mira por la ventana, sino que estás con ella, dentro de su habitación, e incluso dentro de su cabeza. Cuando lees una novela de otro país, se te invita a pasar al salón de otras personas, al cuarto de los niños, al despacho, e incluso al dormitorio. Se te invita a entrar en sus penas secretas, en sus alegrías familiares, en sus sueños. [...]La mujer de la ventana puede ser una mujer palestina de Nablus y puede ser una mujer israelí de Tel Aviv. Si desean ayudar a que haya paz entre las dos mujeres de las dos ventanas, les conviene leer más acerca de ellas. Lean novelas, queridos amigos, aprenderán mucho. Las cosas irían mejor si también cada una de esas dos mujeres leyese acerca de la otra, para saber, al menos, qué hace que la mujer de la otra ventana tenga miedo o esté furiosa, y qué le infunde esperanza."
Tomado de Ars Judaica
Otros escritores algo más modestos difieren, entre ellos Meir Shalev. Shalev como activista político se encuentra en la misma línea que sus dos colegas antes mencionados, pero no tiene esa misma fe en la literatura como medio efectivo para promover la paz. En una entrevista de hace un par de meses para Yedihot Ajronot con motivo de la publicación de su última novela, comentaba una conversación que mantuvo al respecto con A. B Yeoshúa, le decía que con todo el respeto que le merece, la ficción es eso: ficción. Yo concuerdo con Shalev, me queda la impresión de que Oz y Yeoshúa subestiman al lector. Puedes ofrecerle al lector el punto de vista del otro, pero en última instancia será él quien lo interprete, se sienta identificado o lo rechace.
La "novela de otro país" no nos muestra realmente las penas secretas y los sueños de "la mujer que mira por la ventana", sino una representación particular de las mismas, una ilusión convincente en el mejor de los casos (si la novela está escrita con maestría), pero una ilusión al fin. El lector decide cuál es, según su propia percepción, la distancia que separa (o une) entre dicha ilusión y la realidad. Un buen ilusionista como Oz refuerza la ilusión haciendo de cuenta que no existe esa distancia, como lo hace en el discurso citado. En cambio un genio universal como Miguel de Cervantes, mantiene la ilusión y al mismo tiempo nos recuerda la distancia a cada paso. Amos Oz y A.B. Yehosúa caen en la heroica ingenuidad quijotesca, cuando intentan reparar la realidad revistiéndola de ficción. Deberían prestar oídos a la advertencia del padre de la novela moderna o se van a romper los dientes de tanto estrellarse con molinos de viento. ¿Será eso lo que ocurre con Meretz, el partido político al que apoyan abiertamente y que se achica en cada elección? Una ola de atentados suicidas o una lluvia de cohetes son más persuasivas que cualquier compasiva descripción sobre la mujer de la ventana.
Y si los grandes como Amos Oz, A.B Yeoshúa y Meir Shalev poco influyen, ¿qué puede lograr un humilde blogger?
Relacionado:
* Por amor a Judit
La "novela de otro país" no nos muestra realmente las penas secretas y los sueños de "la mujer que mira por la ventana", sino una representación particular de las mismas, una ilusión convincente en el mejor de los casos (si la novela está escrita con maestría), pero una ilusión al fin. El lector decide cuál es, según su propia percepción, la distancia que separa (o une) entre dicha ilusión y la realidad. Un buen ilusionista como Oz refuerza la ilusión haciendo de cuenta que no existe esa distancia, como lo hace en el discurso citado. En cambio un genio universal como Miguel de Cervantes, mantiene la ilusión y al mismo tiempo nos recuerda la distancia a cada paso. Amos Oz y A.B. Yehosúa caen en la heroica ingenuidad quijotesca, cuando intentan reparar la realidad revistiéndola de ficción. Deberían prestar oídos a la advertencia del padre de la novela moderna o se van a romper los dientes de tanto estrellarse con molinos de viento. ¿Será eso lo que ocurre con Meretz, el partido político al que apoyan abiertamente y que se achica en cada elección? Una ola de atentados suicidas o una lluvia de cohetes son más persuasivas que cualquier compasiva descripción sobre la mujer de la ventana.
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