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viernes, 25 de marzo de 2011

Los atentados terroristas y la idishe mame

Tal vez el lector conozca el estereotipo de la idishe mame o la ima polaniá, es decir, la madre judía ashkenazí sobreprotectora sobre la que corren tantos chistes. Puedo confirmar por experiencia propia que los chistes no son exagerados. Y en la a veces amenazante realidad israelí, a la ima polaniá no le faltan oportunidades para provocar situaciones muy jocosas, como la anécdota (¿real o inventada?) de la madre que llama por teléfono al comandante de su hijo en la unidad de combate a ordenarle que cuide bien al nene. Se ve que Ben Gurión sabía con quién estaba tratando cuando pronunció su famosa frase: "sepa toda madre hebrea que dejó a sus hijos en manos de los comandantes más aptos" (תדע כל אם עברייה שמסרה את גורל בנייה לידי המפקדים הראוים לכך).

Imagínense el estado de pánico en que puede entrar una de estas señoras cuando ocurre un atentado terrorista en la ciudad en que se encuentra su hijo, y no puede ubicar al nene porque todas las madres (idishes o no) llaman por celular al mismo tiempo y colapsa la red. Recuerdo hace unos años cuando mis padres vivían en Beer-Sheva, fui a visitarlos el día del atentado en el ómnibus de la línea 12. Cuando mi madre logró ubicarme le recordé: "mamá yo me tomo el 3 o el 9, mirá que no se suman". Años más tarde estaba en lo de mis padres en Áshkelon, cuando sonó la sirena que avisa la caída en los próximos 30 segundos de un misil Grad. Mi madre entró a mi cuarto que hacía de refugio, cerró la cortina de hierro y apagó la luz. "¿Mamá para qué apagás la luz, para que el misil no nos vea?" Después de pasado el susto nos reímos un buen rato. Menos mal que mi vieja no sabía que el lugar del atentado de anteayer en Jerusalén es a diez metros de donde me tomo el ómnibus para ir a trabajar por las mañanas. El hecho de que la explosión - que dejó un muerto y 31 heridos - ocurriera a las tres de la tarde no la hubiera calmado.

Queda una sensación muy rara cuando perpetran un atentado en un lugar que es parte de tu vida cotidiana. Te asaltan las inevitables preguntas de "que hubiera sido si", si el terrorista dejaba los explosivos diez metros más lejos en mi parada, si los dejaba unas horas más temprano o si yo salía más tarde ese día. Nimiedades sin importancia sobre el lugar te quedan grabadas: el diminuto quiosco de al lado llamado "Quiosco explosión" (פיצוץ של קיוסק), donde unos días antes compré un sandwich de salame y una bolsita de leche achocolatada (sí, sí, ya sé que mezclado no es kosher), la vendedora amable y honesta a quien le pedí pilas para mi cámara de fotos y me advirtió que no le comprara a ella porque las que vendía no me servían. A la mañana siguiente pasé por allí y no había ningún indicio de lo ocurrido menos de 24 horas antes, la parada de ómnibus y el quiosko funcionaban normalmente como si nada. La vida sigue.

Espero que no vuelva la época de los atentados con bomba en Jerusalén, ni la de los bombardeos constantes al sur de Israel (parece que ya está volviendo), ni la de la operación militar a gran escala en Gaza (que no va a tardar en volver si continúan los bombardeos). Estamos podridos de tanta estúpida violencia. No tengo palabras para expresar mi más profundo desprecio por el Hamas y la Yihad Islámica que renovaron el cícrulo vicioso después de dos años de relativa calma. Parece que son los únicos que van quedando en el mundo árabe, capaces de evitar que su pueblo se les subleve canalizando el odio y el fuego hacia Israel.

sábado, 12 de marzo de 2011

A sangre fría

A sangre fría (1966) es la gran obra maestra del genial escritor norteamericano Truman Capote. Basada en hechos reales que Capote investigó durante años como parte de su trabajo periodístico, cuenta la historia de dos hombres que a fines de los años cincuenta en una zona rural de Estados Unidos, entran a la casa de una familia para robar, no encuentran nada de valor, pero igual matan uno por uno al padre, la madre, el hijo y la hija. Los asesinos son atrapados, encarcelados y condenados a la pena de muerte. El periodista que los entrevista mientras esperan que se cumpla su sentencia nos describe a uno de ellos como un hombre perverso, sádico y sin escrúpulos, al otro como un hombre sensible que ha tenido una infancia difícil y se encontró acorralado por las circunstancias.

Esta mañana desayuné con una noticia que me recordó el comienzo del libro de Capote por su escalofriante parecido. Dos terroristas entraron por la noche al asentamiento de Itamar y mataron a puñaladas a los dos padres, a dos niños de 11 y 3 años y a un bebé de pocos meses. Al parecer se saltearon una de las habitaciones, de donde se escapó la hermana mayor de 12 años rescatando a dos hermanos más pequeños.

No es la primera vez que ocurre algo así, ya me imagino el desenlace. Tzahal va a atrapar a los asesinos, van a ser juzgados y sentenciados a una cadena perpetua por cada asesinato sin posibilidad de reducir su condena. Posiblemente igual serán liberados más tarde en un intercambio de prisioneros, por prisioneros israelíes vivos o muertos. En el exterior buena parte de los interesados en el conflicto palestino-israelí ignorarán este suceso por completo, seguirán afirmando que no hay razón para ninguna medida de seguridad israelí, que todas las tomamos por un estado de miedo cobarde e injustificado que nos infunden nuestros líderes, o por el placer de joder a los palestinos. Otros nos dirán que la culpa es de la familia que se fue a vivir a los territorios, que los asesinos no son terroristas sino unos pobres desgraciados que se vieron forzados por la ocupación israelí a apuñalar niños mientras dormían (no ignorarán este caso, solamente los casos similares ocurridos dentro de la línea verde). Pero entre los suyos no los considerarán asesinos sin escrúpulos ni pobres desgraciados, sino héroes nacionales. Cuando sean liberados serán aclamados por la multitud, pronunciarán discursos públicos, recibirán medallas de honor. Véase Samir Kuntar.

viernes, 11 de marzo de 2011

Homenaje a las víctimas del 11M



Monumento a las víctimas del atentado terrorista del 11 de marzo del 2004. Estación de Atocha, Madrid.

Cuando no alcanzan las palabras para abarcar la magnitud de la barbarie, cuando no alcanzan las palabras para expresar la profundidad del dolor. Nada mejor que un monumento silencioso.

Ieie zijram baruj. Que su recuerdo sea bendito.