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sábado, 18 de junio de 2011

Pacifismo ficción

En mayo del 2011 el entonces Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama pronunció un discurso histórico que marcó un punto de inflexión en el conflicto palestino-israelí, dando el impulso que faltaba para conducir a la paz en la región. Obama llamó a ambas partes a retornar a las negociaciones y establecer sus fronteras en base a las líneas del armisticio del '49 (las mal llamadas fronteras del '67, que no eran fronteras ni eran de 1967). Instó a Israelíes a frenar la construcción más allá de esas líneas, exigió a los palestinos reconocer a Israel. Al principio a los líderes de ambos bandos les costó aceptar la idea. Pero poco después comprendieron la grandeza del momento, por una vez se dieron cuenta de que no podían desperdiciar la oportunidad. A continuación, dejo algunos extractos de los discursos que pavimentaron el camino a la paz, los actos de reconciliación y acercamiento más simbólicos y memorables desde la visita del Presidente Egipcio Anwar Al Sadat a Jerusalén en 1977.


Discurso de Abu Mazen en la Knesset:

"Reconocemos a Israel como el Estado del Pueblo Judío, así como Palestina es desde hoy el Estado del Pueblo Palestino. Como tal, ya no podemos seguir descuidando nuestra responsabilidad para con los palestinos en casa y en el mundo, todo palestino que aún considere necesitar refugio será acogido en su estado, igual que los refugiados judíos fueron acogidos en el Estado Judío. Llamamos a todos los palestinos del mundo a unirse a nosotros, juntos construiremos nuestro país, un país democrático en todo el sentido de la palabra, donde cada palestino, hombre y mujeres por igual, viviremos en libertad. Un país moderno, innovador y próspero, donde todo palestino pueda asegurar su bienestar y el sustento de su familia en forma digna. Un país guiado por las mejores tradiciones de nuestra rica cultura árabe y nuestra fe musulmana, y justamente por ello, un país que asegurará el respeto y la protección a los minorías judía y cristiana, su libertad de culto y el libre acceso a los sitios sagrados.

A partir de hoy las injurias hacia otros pueblos y confesiones serán erradicadas de nuestros textos escolares y nuestros medios de comunicación. No volveremos nunca más a fomentar el odio ni a glorificar la violencia. Hoy mismo cambiaremos los nombres de las calles y plazas bautizadas en honor a terroristas suicidas, por nombres de nuestros mejores poetas, artistas y científicos. Todos los grupos paramilitares quedan prohibidos por ley, tienen un plazo de un mes para hacer entrega de sus armas a la policía palestina.

El Estado de Palestina se convertirá en el modelo de democracia, apertura, libertad, igualdad, paz y tolerancia que reclaman las masas en las revueltas árabes. Israel, nuestro antiguo enemigo, es a partir de ahora nuestro mayor aliado en la lucha por los mismos valores universales, los valores comunes al judaísmo, el cristianismo y el islam. Llamamos a todos los países árabes y a todos los países del mundo a seguir nuestro ejemplo."


Continuará...

domingo, 5 de septiembre de 2010

Año de paz

El miércoles a la tarde comienza un nuevo año según el calendario hebreo, el año 5771. Es costumbre desearle a la familia y los amigos shaná tová u metuká (año bueno y dulce). Entre las muchas variantes a los tradicionales saludos de Rosh Hashaná, también está la de shnat shalom, desearle a los seres queridos que tengan un año de paz. Un año de paz no sé si vamos a tener, pero al parecer lo que sí nos espera es un año de proceso de paz. Esta semana se encontraron en Washington Benjamín Netanyahu y Abu Mazen, bajo el auspicio de Barack Obama y con la presencia del Presidente de Egipto Hosni Mubarak y el Rey Hussein de Jordania. Por fin, después de varios meses de contactos únicamente a través de intermediarios, comienzan las conversaciones directas entre el Primer Ministro israelí y el Presidente de la Autoridad Palestina. Ambos acordaron reunirse una vez cada dos semanas con el objetivo de lograr un acuerdo en el plazo de un año. Como regalito de apertura al renovado proceso de paz, Hamás nos dejó un atentado con cuatro muertos y la promesa de otros muchos atentados más para el futuro próximo.

Igual que los atentados de Hamás durante el Proceso de Oslo el objetivo es impedir que se llegue a un acuerdo. La estrategia ya ha demostrado ser sencilla y efectiva en los noventa: matas más y más israelíes hasta que los israelíes perdemos los estribos y respondemos con operativos militares, los palestinos responden con más atentados, así volvemos a la espiral de violencia y adiós paz, chau que te vaya bien. Si Hamás consigue cumplir su amenaza, Cisjordania que había alcanzado una tranquilidad aparentemente estable (recordemos que casi todos los líos de los últimos años nos vinieron de Gaza donde gobierna Hamás y no de Cisjordania donde gobierna la AP), volverá a arder. La tranquilidad en Cisjordania se la debemos en parte a la Autoridad Palestina, que según fuentes militares israelíes ha hecho un buen trabajo persiguiendo al Hamás y mitigando las actividades terroristas en su zona de influencia. Después del atentado la AP arrestó a cientos de miembros del Hamás y parece estar llevando a cabo un sincero esfuerzo para atrapar a los responsables. Eso demuestra un verdadero rechazo por parte de Abu Mazen a la vía violenta y un compromiso real por la vía de la negociación, cosa que su predecesor Yasser Arafat nunca tuvo. Eso o simplemente detesta a Hamás tanto o más que a los israelíes.

Abu Mazen llevaba meses negándose a reanudar las conversaciones directas, exigiendo como condición previa que Israel hiciera no sé qué concesiones antes de empezar a negociar siquiera. ¿Qué lo hizo cambiar de opinión? Tal vez la presión norteamericana. Quizás la proximidad del fin del período diez meses de congelamiento de construcción en los asentamientos que Netanyahu había declarado. Ahora Netenyahu tiene que mantener el congelamiento, so pena de quedar ante los norteamericanos como el responsable del prematuro fracaso de las conversaciones de paz. Si es así significa que el congelamiento logró empujar a Abu Mazen a volver a la mesa de negociaciones, kol hakavod a Netanyahu, aunque dudo de que esa haya sido su intención, probablemente sólo quería aflojar la presión americana sobre su gobierno. Kol hakvod a Barack Obama, parece que la presión de su administración sí da sus frutos. Sea por el motivo que sea, Netanyahu está otra vez en aprietos, evitar la reanudación de la construcción con su actual coalición de gobierno derechista no va a ser sencillo.

El proceso de paz es sumamente riesgoso. No solamente por los intentos de impulsar una ola de violencia en medio de las negociaciones para evitar que triunfen. Si las negociaciones se estacan de nuevo, con o sin boicot de Hamás, también es muy posible que estalle de nuevo la violencia. Recordemos que la Segunda Intifada comenzó poco después del fracaso de las negociaciones del año 2000 en Camp David entre Ehud Barak y Yasser Arafat. Y a pesar del espantoso riesgo, Netnayhau hizo bien en retomar el proceso (tampoco es que tuviera mucho margen de elección), todo gobierno israelí sea de izquierda o de derecha, está en la obligación de intentar poner fin al conflicto.

En fin, espero que sí tengamos un año de paz. El año que viene en Jerusalén repartida, capital de Israel y de Palestina. Shnat shalom y shaná tová u metuká para todos. Yo por mi parte no sé si tendré un año dulce, pero planeo empezarlo bien jugoso y quizás un poco grasiento con unas buenas porciones de carne uruguaya. En breve estoy por allá de visita y planeo subir de peso.

sábado, 6 de marzo de 2010

Reconocer el Genocidio Armenio

Durante la Primera Guerra Mundial, de 1915 a 1917, los turcos asesinaron a un millón y medio de armenios. Aunque existen varias diferencias, por las dimensiones de la matanza y su sistematización, el Genocidio Armenio es el evento histórico más parecido a la Shoá, por lo que también es conocido como el Holocausto Armenio. Existe un amplio consenso entre los historiadores de que las matanzas no fueron solamente el resultado de luchas étnicas por motivos territoriales, sino que el Imperio Turco Otomano llevó a cabo una deliberada política de exterminio. La actual República de Turquía niega que se haya tratado de un genocidio y amenaza con romper relaciones con cualquier país que reconozca oficialmente el Genocidio Armenio.

El jueves un comité del Congreso de los Estados Unidos aprobó una moción para reconocer el Genocidio Armenio. La moción aún no tiene validez hasta que sea aprobada por el Congreso en su conjunto. Hillary Clinton ha anunciado que la administración Obama hará todo lo que esté a su alcance para que no sea aprobada. Claro, otra actitud digna de un Premio Nobel de la Paz. Decían que no se lo habían dado por los logros que aún no ha obtenido, sino por sus esfuerzos y buenas intenciones. Ya ni eso le va quedando, ¿buenas intenciones un activista negacionista? Entiendo que EEUU tiene sus intereses en la zona y por motivos estratégicos Obama no quiera dañar sus lazos con Ánkara. Pero de ahí a poner todo su empeño en negar el Genocidio Armenio, como da a entender su Ministra de Exteriores, hay un gran trecho. Ahora falta que destituya a Clinton y la reemplace con David Irving. Digo yo, con el debido respeto a la importancia estratégica de Turquía, si Obama resistió las presiones nada menos que de China, se juntó con el Dalai Lama y siguió con la venta de armas a Taiwán, ¿no puede resistir las presiones turcas?

Israel también está en la obligación de reconocer oficialmente el Genocidio Armenio, es profundamente vergonzoso que el estado del pueblo que sufrió el genocidio más grande de la historia, que destina cantidades de recursos para preservar su memoria y sabe muy bien lo que es lidiar contra el negacionismo, aún no lo haya hecho. Israel se encuentra frente a Turquía en una situación más delicada y precaria que la de EEUU, se trata de uno de los únicos países musulmanes que reconocen a Israel y mantienen relaciones diplomáticas. Desde la Operación Plomo Fundido las relaciones entre ambos países se vienen deteriorando. Si Israel reconoce el Genocidio Armenio en estos momentos, corremos el peligro de que Turquía no sólo cancele las relaciones diplomáticas sino que acabe de alinearse con el eje Irán-Siria-Hezbolá-Hamás. La posible alianza entre un país que ya ha cometido genocidio y lo niega, con otro que niega la Shoá y desarrolla armas nucleares, da miedo. Aún así, Israel tiene que buscar la forma de reconocer el Genocidio Armenio lo antes posible. Nuestro Ministerio de Exteriores ya ha puesto en peligro las relaiciones diplomáticas con Turquía en haras del honor nacional por asuntos de mucha menor envergadura, ya va siendo hora de restaurar en serio ese honor reconociendo la Shoá Armenia.


Véase también:
* Las siete preguntas sobre el Genocidio Armenio
* Reconocimiento del Genocidio Armenio (wikipedia en inglés)

sábado, 6 de febrero de 2010

Abu Silla


Mahmud Abbas con George W. Bush y Ariel Sharon

Mahmud Abbas con George W. Bush y Ehud Ólmert


Se pueden decir muchas cosas malas sobre Netanyahu, varias de ellas son ciertas. Pero una cosa hay que reconocerle, desde que asumió el cargo de Primer Ministro por segunda vez hace ya casi un año, ha flexibilizado su postura frente a los palestinos tanto de palabra como sobre el terreno. De palabra ha sido el primer Primer Ministro israelí en aceptar explícitamente un Estado Palestino. Sobre el terreno ha retirado decenas de puestos de control que dificultaban la libertad de movimiento entre las distintas ciudades cisjordanas, ha congelado por diez meses la construcción en los asentamientos. Se puede decir que nada de eso es suficiente, para la creación de un estado palestino ha puesto condiciones que los palestinos no pueden aceptar, aún hay restricciones al movimiento en los territorios, el congelamiento de la construcción no es completo y en Jerusalén Este se sigue construyendo sin trabas. Cabe destacar que en lo que respecta al freno de la construcción, Netanyahu y su coalición de derechas han ido más lejos que todos sus predecesores, Rabin y Peres incluidos. Ya que no es suficiente, los palestinos deberían plantear sus demás exigencias en la mesa de negociaciones, negociaciones a las que Netanyahu no se aburre de llamar sin precondiciones y que Abu Mazen rechaza una y otra vez.

Mientras que Netanyahu se flexibiliza, Abu Mazen (Mahmud Abbas) se vuelve más intransigente y se niega siquiera a reunirse con el Primer Ministro israelí. ¿Qué tiene Netanyahu que lo hace peor que Ólmert, con quien Abu Mazen no tenía inconveniente en negociar? ¿Qué lo hace peor que el mismísimo Ariel Sharon, el lider israelí más demonizado de todos los tiempos? La clave no es Netanyahu sino la otra constante de las dos fotos, el asunto no es el cambio de gobernantes en Israel sino en EEUU. En un año de oficio, el flamante Premio Nobel de la paz, no ha conseguido ni siquiera la acción más básica que hasta el vaquero texano lograba sin tanto estorbo, sentar a palestinos e israelíes en la misma mesa. Con la asunción de Obama, creyendo tener a los norteamericanos de su parte, o esperando de ellos al menos una postura "más balanceada" que su tradicional posición pro-israelí, Abu Mazen adoptó la táctica de la silla.

Ahora su política consiste en quedarse sentado en Ramala esperando a que Obama haga su trabajo por él, en lo que se refiere a conseguir renuncias israelíes en favor de los reclamos palestinos. Y le ha dado resultado, pero sólo hasta cierto punto, menos de lo que pretendía. Cuando llegó al máximo y entendió que así no obtendría más, amagó con abandonar su silla, su puesto de Presidente de la Autoridad Palestina. Es decir, anunció que no se presentaría a las próximas elecciones, pero luego canceló las elecciones quedando de todos modos en el mismo puesto a pesar de su anunciado retiro. La amenaza que formulaba era clara, si abandona la silla probablemente pase a ocuparla otro peor, quizás algún miembro del Hamás. De esta manera, Abu Mazen puso a prueba todo el peso de su principal capital político: ser reconocido en Israel, EEUU y Europa como el menos peor de los posibles ocupantes de la silla. Así todos consentimos que se quede allí sentado sin hacer nada, con tal de que sea él y no otro. Y yo me pregunto ¿tan terrible sería si cumpliera sus amenazas y se fuera? ¿No hay ningún posible sustituto realmente comprometido a lograr la paz y sacar a su pueblo de la miseria? ¿Es eso lo más que se puede esperar de los palestinos, un líder cuya única cualidad es ser "menos peor" que otros?

Los gobiernos en Israel van cambiando incluso con demasiada frecuencia, cambian también en EEUU, cambian en Europa, en Rusia. Pero en más de 60 años hay un elemento del conflicto que no ha cambiado, la negativa palestina a toda propuesta (también cambiantes) de un estado propio que viva en paz con el estado judío, lo rechazaron en el '47, lo rechazó Arafat en el 2000 y lo rechazó Abu "el menos peor" Mazen en el 2008.

sábado, 10 de octubre de 2009

Semana de Premios Nobel

En Israel empezamos la semana de Premios Nobel el martes con una decepción, Yakir Aharonov de la Universidad de Tel Aviv, el candidato favorito al Nobel de Física por su influencia en el campo de la física cuántica, no ganó. Seguimos el miércoles con una alegre sorpresa, Ada Yonath del Instituto Weizmann, ganó inesperadamente el Nobel de Química, junto a un colega británico y un colega estadounidense, por sus estudios del ribosoma. Yonath se convirtió en la primer mujer israelí en ganar un Premio Nobel (hombres ya van ocho), y la primer mujer en ganar un Nóbel de Química en los últimos 45 años. Finalizamos el jueves con Amos Oz, candidato al Premio Nobel por tercer año consecutivo¹, quien según agencias de apuestas de Londres tenía chances de 4 a 1 de ganar el Nobel de Literatura. Ya decía yo, mejor me limito a apostar en las carreras de caballos. En conjunto no está nada mal, en un mismo año tres candidatos y un ganador, de éste pequeño país con sólo siete millones y medio de habitantes.

Personalmente, si bien me siento orgulloso por el galardón de Yonath y también por la candidatura de Aharonov, no puedo evitar sentirme algo desilusionado por Amos Oz. No tengo idea qué es la física cuántica (¿no es una rama de la ciencia ficción?) y que me parta un rayo si sé qué demonios es un ribosoma, prefiero mantenerme en mi feliz ignorancia. Quizás las investigaciones en "bio-cristalografía" de la Doctora Yonath le salven la vida a mis tataranietos, pero a mí lo que me interesa es la literatura. De la misma manera que el Nobel de Química no nos consuela a los israelíes de no poder clasificar al mundial de fútbol, a mi no me consuela de que uno de los nuestros se haya quedado sin el Nobel de Literatura.

De Amos Oz hasta ahora sólo he leído unos pocos artículos de opinión y ninguna de sus obras literarias. Tengo a mano la edición en inglés de su "magnus opus", "A tale of love and darkness" (un cuento de amor y oscuridad), que le regalé a mi padre para su cumpleaños, pero la idea de leerme ese medio millar de páginas en inglés no me seduce. Así es que no puedo opinar sobre su mérito literario, si realmente es merecedor de un Premio Nobel, sentarse en el mismo podio que Faulkner, Hemingway, García Marquez, etc. Según varios comentaristas locales Oz sí sería un justo acreedor del galardón por su talento artístico, pero sus posibilidades de ganarlo se nutren también de sus posturas políticas, de sus críticas a los gobiernos de Israel y su apoyo al Proceso de Paz. La entrega del Nobel de Literatura según simpatías políticas no es una novedad, Jean-Paul Sartre rechazó el premio en 1964 porque estimó que "hace tiempo que tiene un color político". Winston Churchill, en cambio, no tuvo problema en aceptarlo en 1953, aunque era obvio que se lo otorgaban por sus pasadas acciones como estadista más que por sus escritos.

El caso del Premio Nobel de la Paz es diferente, se trata de un premio abiertamente político. Firmar un acuerdo de paz o mediar en un conflicto bélico son acciones políticas, no son logros científicos o artísticos los que se juzgan a la hora de elegir el receptor del premio, sino logros políticos. Y aún así, la decisión de entregar el premio a Barack Obama anunciada ayer viernes, no deja de ser una sorpresa. Que yo sepa hasta ahora el premio había sido entregado por logros concretos, y no sólo por esfuerzos que hasta al momento de anunciar el premio no hayan arrojado resultados. Me parece que Obama sí ha tenido un logro en el corto período desde que asumió la presidencia de Estados Unidos, la disminución de las tensiones entre su país y Rusia, que no es poca cosa. Pero está claro que no es por sus logros políticos que recibe el premio sino por la simpatía política que ha generado. Espero que Barack Obama, ganador del Premio Nobel de la Simpatía, evite la proliferación de armamento nuclear en Medio Oriente, incluso si tiene que tomar algunas acciones no tan simpáticas para lograrlo. Espero también que tenga éxito mediando entre israelíes y palestinos y nos ayude a poner fin al conflicto, no estoy convencido de que Mr. Simpatía pueda conseguirlo, pero la esperanza es lo último que se pierde.


¹ Según las especulaciones, la lista de candidatos no es pública.

sábado, 6 de junio de 2009

La desazón de la izquierda israelí

En un post anterior comentaba las expectativas que generaba la visita de Barack Obama al Cairo. Al final no presentó ningún plan de paz novedoso, en su discurso reiteró lo postulado por Bush en el 2004, la primera fase de la Hoja de Ruta: los palestinos deben abandonar la violencia y los israelíes debemos frenar la construcción de asentenmientos y aliviar las restricciones en Gaza y Cisjordania. Debo retractarme, había dicho que este evento no tendría la magnitud de los grandes eventos mediáticos. Pero lo cierto es que Obama logró convocar a millones junto a las pantallas de televisión, bajo la sensación de estar prescenciando un gran momento histórico. Como bien dice Marcelo Kisilievski, Obama hizo un excelente trabajo en cuanto al marketing, la oratoria y la puesta en escena.

De lo que no me retracto, es del tono pesimista con el que me refierí a las posibilidades de éxito del proceso de paz, sigo pensando que Obama no ofrece grandes novedades en ese aspecto. Ese pesimismo ha sido una constante desde inicié el blog hace poco más de un año atrás, incluso aclaré esa postura en el post de apertura. Pero no siempre fue así, al principio cuando llegué a Israel en el año 2003, era irremediablemente optimista. Viví en Jerusalén en una época en la que aún había terroristas suicidas que se hacían explotar en los ómnibus y los cafés, pero ni siquiera esos atentados mermaban mi optimismo. Consideraba a la Intifada de Al-Aqsa como una interrupción criminal del proceso de paz, se postponía el proceso al trágico precio de un derramamiento de sangre tan cruento como innecesario. Pero lo veía como un retraso, de ningún modo como una cancelación, mi visión del proceso de paz seguía siendo determinista, para mí se trataba de un tren que una vez puesto en marcha no era posible detener, no había nada que Arafat y Sharón pudieran hacer para descarrilarlo, los rieles de la historia ya habían sido fijados en Oslo, como mucho esos dos podían afectar la velocidad.

Luego llegó la Barrera de Separación, construida para impedir la entrada de palestinos desde Cisjordania a Israel. Mucho se ha dicho en contra de la barrera (o del muro como prefieren llamarla los detractores), pero eso es tema para otro post, aquí diré sólo que yo veía sobre todo (y en este punto en particular sigo viendo), la mitad llena del vaso medio vacío. Por primera vez un gobierno de derechas reconocía la necesidad de la separación, por primera vez trazaba una línea divisoria y admitía sobre el terreno que lo que está más allá de esa línea no nos pertenece. La idea de construir la barrera vino desde la izquierda israelí, expresada por primera vez por el entonces laborista Jaim Ramón, la ultra-derecha israelí se le oponía tanto o más que los palestinos y los pseudo-pacifistas de la izquierda europea. La barrera detuvo por completo los atentados suicidas palestinos y las consiguientes represalias israelíes.

En el 2005 llegó el plan de desconexión: la retirada israelí de la Franja de Gaza con el desmantelamiento de todos los asentamientos judíos de la zona. También este paso fue acompañado por duras críticas nacionales e internacionales. Desde la izquierda se criticaba el carácter unilateral del plan, llevado a cabo sin lograr antes un acuerdo con los palestinos. Pero a pesar de sus objeciones la izquierda apoyó el plan, más valía retirarse aunque no fuera de la manera ideal. Mi opinión era que de Gaza tendríamos que retirarnos tarde o temprano, ocho mil colonos judíos no tenían nada que hacer entre un millón de palestinos, menos aún en la Franja de Gaza que ni siquiera tiene sitios de mayor importancia religiosa para el judaísmo, y ya que era una cuestión de tiempo, cuanto antes mejor. Estaba de acuerdo con la postura de Sharón de que en aquel momento no había un "partner" con quien llegar a un acuerdo (aún hoy no lo hay), y por lo tanto no nos quedaba otra que tomar nuestro destino en nuestras propias manos, dar pasos unilaterales. Hoy me pregunto si estaba equivocado, si la retirada unilateral fue un error garrafal.

Recuerdo una discusión que tuve con un amigo de derechas en vísperas de la retirada, el me decía que si nos retirabamos de Gaza los cohetes iban a llegar hasta Ashkelón, yo lo taché de alarmista, y sin embargo Hamás le dio la razón, sólo que se quedó corto en su pronóstico, llegaron muchos más lejos. Mi amigo me preguntaba qué haríamos si a pesar de la retirada nos seguían atacando desde Gaza, tendríamos que contraatacar y si iba haber que hacer regresar a las tropas, mejor no retirarlas de allí en primer lugar. Yo le decía que en ese caso sería distinto, una vez concluida la ocupación de Gaza, si Hamás seguía atacando desde allí, estaríamos en nuestro derecho de defendernos y el mundo lo entendería. Pero no fue así, el mundo siguió condenando a Israel como si la retirada nunca hubiera ocurrido. También la izquierda israelí, a la hora de la verdad, expresó fuertes reticencias ante la magnitud del contraataque que antes habíamos justificado - cuando era sólo un escenario hipotético - para así justificar la desconexión a pesar de sus previsibles consecuencias negativas.

El hecho de que la retirada fuera llevada a cabo por Israel en forma unilateral sin exigir ni recibir nada a cambio del cese de la ocupación en Gaza, favoreció a Hamás. Muchos palestinos interpretaron que los métodos violentos de Hamás sí daban resultados, a diferencia de las interminables e infructuosas negociaciones pacíficas de Fatah bajo el mando de Abu Mazen. Hamás quedó como el héroe que logró expulsar a Israel de Gaza y ganó las elecciones en enero del 2006 (año y medio después echó a tiros de Gaza a la oposición del Fatah). Si el proceso de paz fuera un videojuego, aquello fue el game over. Quedamos estancados en una situación en la que no hay con quién firmar un acuerdo, ni tampoco es posible avanzar en forma unilateral. El sentimiento de desesperanza y frustración nos alcanza incluso a quienes antes éramos los más optimistas. En este contexto, la izquierda israelí se desplomó, Benjamín Netanyahu fue elegido Primer Ministro y Avigdor Lieberman fue nombrado Ministro de Exteriores.

sábado, 23 de mayo de 2009

La industria de la paz

Al parecer el próximo 4 de junio el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, presentará en Egipto un nuevo plan para la paz entre Israel y los palestinos. La primera pregunta que surge, es qué tendrá este plan que no tenían los anteriores, por qué y cómo va a tener éxito allí donde los demás fracasaron, será éste el plan que ponga el tan esperado fin al conflicto, o de nuevo apilamos otro montón de papeles para que junten polvo en el cajón de las buenas intenciones, junto a la Hoja de Ruta de George W. Bush y la Conferencia de Annapolis. Espero ese día poder sentarme frente al televisor para presenciar otro evento más en la saga de eventos mediáticos a la que llamamos proceso de paz. Pero no soy optimista, me cuesta creer que con el actual gobierno israelí y los actuales gobiernos palestinos (hay dos que funcionan en paralelo, cada uno clama ser el legítimo, la ANP en Cisjordania y el Hamás en Gaza), sea posible alcanzar un acuerdo.

Ante esta objeción es común sacar a relucir el caso del Primer Ministro derechista Menájem Beguin, quien contra todo pronóstico, firmó la paz con los egipcios y devolvió la Peninsula del Sinaí, un territorio tres veces más grande que el actual Israel (con los territorios ocupados incluídos). En este país del revés, como se dice a veces, la derecha hace la paz y la izquierda hace la guerra. Pero hay que recordar también que en aquel entonces los egipcios tenían al Presidente Anwar al-Sadat, un líder de una altura y un coraje al que no se le acerca ningún líder palestino del presente ni del pasado. Tras nada menos que cinco guerras en menos de 30 años, en 1977 un buen día se toma un avión, aterriza en Jerusalén y da un discurso de paz en la kneset. Eso sí que fue un evento mediático de primera, como la llegada del hombre a la luna, el asesinato de Kennedy o la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Beijing; lo de Obama en Egipto, en comparación, no será más que la final del campeonato uruguayo de ping pong. Otro detalle no menor: el Ministro de Exteriores de Beguin era el laborista Moshé Dayán, involucrado personalmente con el proceso de paz, hoy tenemos al fascista Avigdor Lieberman, quien descarta cualquier intento de solución al conflicto como otro despilfarro de dinero de lo que él llama "la industria de la paz".

Cada centavo de shekel está siempre mejor empleado en la industria de la paz que en la multimillonaria industria de la guerra. Mejor que el dinero vaya a los dueños de los hoteles cinco estrellas donde se alojan los dignatarios (y a los sueldos de los periodistas que cubren el evento), y no a las manos de los fabricantes de armas. Pero repito, no veo probable que los primeros vayan a conseguir recortar los ingresos de los segundos en un futuro visiblemente cercano. Una de las cosas que me desaniman es el retorno a la retórica de las oportunidades históricas irrepetibles, repetidas sin éxito una y otra vez. Las novedades que enscienden una tímida luz de esperanza, son la fuerte insistencia del gobierno norteamericano en el congelamiento de la actividad colonizadora en Cisjordania (ya parece estar dando algún resultado), y el hincapié en la mayor participación de los países árabes en el proceso. Ninguna de estás cosas es realmente nueva, la participación árabe ya estaba contemplada por la propuesta de paz saudí del 2002 y el desmantelamiento de parte de los asentamientos está incluida en la primera fase de la Hoja de Ruta del mismo año. La diferencia sería en el énfasis y en las cualidades personales de Barack Obama, su discurso más contemplativo con el mundo árabe y sus menores reticencias a la hora de presionar a Israel. De nuevo, dudo de que con eso baste.

Entradas relacionadas:
* ¿Todo irá bien?

viernes, 23 de enero de 2009

La asunción de Obama y el ataque a Gaza

El ataque a Gaza comenzó 24 días antes de que Barack Obama asumiera el cargo de Presidente de los Estados Unidos. Israel declaró el cese al fuego sólo 3 días antes de la fecha tan esperada. Muchos se preguntan si acaso la fecha del ataque a Gaza fue elegida en función de la fecha del cambio de gobierno en Estados Unidos.

Todavía no se sabe con certeza cuál será la política de Obama hacia el conflicto palestino-israelí. Pueda que siga siendo tan pro-israelí como siempre, como parece indicar la elección de Hillary Clinton para Ministra de Exteriores, o puede que sea "más balanceada" como había pedido a la administración saliente el actual Vice-Presidente, John Biden. Si bien, como ya había comentado, en Israel se recibe a Obama con optimismto, también es cierto que genera un alto grado de incertidumbre. ¿Sería posible lanzar la una ofensiva militar de grandes dimenciones durante el período Obama? No se sabe. Supongo que no durante los primeros días de su gobierno, esa no es forma de darle la bienvenida.

Espero que Ehud Ólmert, Tzipi Livni y Ehud Barak hayan tenido en cuenta a Barack Obama a la hora de decidir las fechas del ataque. Espero que a diferencia del Líbano en el 2006, esta vez los líderes israelíes sí hayan sopesado con anticipación todos los factores antes de decidirse a atacar, y la identidad del Presidente de los Estados Unidos no es un factor menor que se pueda ignorar. Y sin embargo, no creo que ese haya sido el factor decisivo. Las dos semanas previas al operación, con el vencimiento de la tregua de seis meses entre Israel y Hamás, Hamás lanzó una cantidad record de cohetes y misiles a la población del sur de Israel, 200 sólo en la última semana, la situación ya era insostenible. Se puede discutir si Israel exageró o no con las dimensiones de su respuesta, pero queda fuera de dudas que una respuesta de algún tipo no podía hacerse esperar ni un solo día más, ya estaba llegando con retraso. Con o sin Obama, Israel no puede ni debe contenerse por siempre mientras bombardean a su población civil.

Artículos relacionados:
* ¿Se podía haber evitado?
* Breve resumen del conflicto en Gaza
* El mercader de Sderot

lunes, 24 de noviembre de 2008

Optimismo en Israel por la victoria de Obama

Como bien dice este post de Acción por Israel, las simpatías de la mayoría de los israelíes por los candidatos presidenciales en la previa a las elecciones en EEUU, se podían resumir en la siguiente frase: "Entre Hillary y McCain, que gane Hillary, pero entre Obama y McCain, que gane McCain". No se puede decir lo mismo de los judíos norteamericanos, que mantuvieron su tradicional apoyo por el partido demócrata y votaron masivamente por Barack Obama.

Es claro que cualquiera de los tres candidatos mencionados son abiertamente pro-israelíes, no hay grandes diferencias en ese sentido. Acerca de las calumnias sobre la supuesta fe musulmana de Barack Hussein Obama, dudo que sean muchos los que se la hayan tragado. La desconfianza hacia Obama surge más que nada ante los temores de que llegado el momento, no confronte en forma decisiva la amenaza de un Irán nuclear. Ese temor sigue presente.

Sin embargo, tras la victoria de Obama, el optimismo que ese joven político supo encender en el pueblo norteamericano, esas olas de contagioso entusiasmo que trascendieron sus fronteras y se hicieron eco por todo el mundo, también llegaron a estas costas. Esa figura que parece combinar el carisma de una estrella de cine con la de un gran orador público de la talla de Martin Luther King, despierta admiración también por aquí. La consciencia de estar viviendo uno de esos grandes momentos históricos, con la elección del primer presidente negro de Estados Unidos, no nos deja indiferentes. Un pequeño paso para Barack Obama, un gran paso para la humanidad.

Más allá de lo positivo que pueda tener la elección de Obama a nivel mundial, también despierta esperanzas de que lleve a mejoras a nivel regional. Por ahora Barack Obama parece contar con el respeto del mundo árabe (en contraste con la antipatía que despertaba el belicoso McCain), lo cual puede ser de ayuda para mediar entre Israel y los palestinos y entre Israel y Siria. Lo otro que puede favorecer indirectamente a Israel es la eventual mejora de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia que se deterioraron notoriamente hacia el final de la administración Bush. A Israel le conviene mantenerse en buenos términos con ambas potencias, cosa difícil de cumplir si el mundo vuelve a dividirse en dos bloques.

Por supuesto, los israelíes tenemos claro que hay que tener cuidado a la hora de cargar tantas expectativas sobre los hombros de este hombre. El presidente de Estados Unidos será poderoso, pero tampoco es el titán Atlas. Cuanto más altas las expectativas, más dura la posible decepción.