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sábado, 1 de enero de 2011

Presidente presidiario

Hace unos días el tribunal regional de Tel Aviv declaró a Moshé Katzav, el octavo presidente de Israel (2000 - 2007), culpable de dos cargos de violación, un cargo de abuso sexual y un cargo de obstrucción de justicia. Todavía no se ha dictado la sentencia, pero de acuerdo el grave veredicto se puede anticipar que le van a caer unos cuantos años de prisión. Vaya notición como para acabar bien el año.

Muchos consideran el caso como un motivo de gran vergüenza para Israel. El Presidente de Israel - el ciudadano número uno, el individuo que supuestamente encarna y representa en su persona al país, el Jefe de Estado, el símbolo patrio - es nada menos que un violador, abusaba sexualmente de sus subordinadas en el Ministerio de Trabajo y en la Presidencia, después las despedía. Téngase en cuenta que el puesto de Presidente de Israel es como el del rey en la monarquía constitucional (está tomado del modelo británico), casi no tiene un poder político real pero sí desempeña un importante rol simbólico y ceremonial. Es como si enviaran preso por violación al Rey de España o a la Reina de Inglaterra.

Sin embargo, soy de los que creen que en este caso los israelíes tenemos más motivos de orgullo que de bochorno. Vergüenza por nuestro anterior presidente sí, no hay duda, pero también orgullo por la policía que recibió las denuncias y las investigó a fondo, por la fiscalía que llevó el caso ante el tribunal y por el tribunal que lo condenó. En otros países si eres rico y poderoso, si eres un político encumbrado, puedes cometer todo tipo de crímenes, delitos e infracciones sin tener que rendir cuentas por ello. En otros países la policía y el sistema judicial hubiesen preferido barrer el caso bajo la alfombra con tal de ahorrarnos la ignominia. En Israel en cambio, han demostrado una vez más que hacen su trabajo sin discriminar, que ningún político está por encima de los ciudadanos de a pie, que somos todos iguales ante la ley como corresponde en una democracia.

Espero que en el 2011 les llegue el turno a Ehud Ólmert, a Abigdor Lieberman y a todos los demás políticos bajo investigaciones o juicios por corrupción. Espero que los demás se lo piensen dos veces antes de robar o violar, si alguno todavía piensa que su estatus público lo dota de inmunidad, que mire a Katzav, a Hirshon o a Benizri (ex ministros convictos en el 2009 por robo y soborno respectivamente) y lo piense de nuevo.


Dato curioso:
katzav (קצב) en hebreo significa carnicero, qué bien le va el nombre a su excelencia.


¡¡¡Feliz año nuevo para todos!!!

viernes, 18 de diciembre de 2009

Brutalidad policíaca

Aquella tarde de jueves, estudiantes de todo el país no congregamos frente a la residencia oficial del Primer Ministro en Jerusalén, para manifestar contra las intenciones del gobierno de Ehud Ólmert de subir el precio de la cuota por los estudios universitarios. Fue una manifestación bastante tranquila y silenciosa en comparación con las manifestaciones de estudiantes allá en el Río de la Plata. Nada de bombos ni redoblantes, apenas algunos representantes gremiales con megáfono. Fue un estudiante de origen argentino, como no, quien por lo menos trajo algunos chifles para hacer algo de barullo.

El toque de color lo daban los estudiantes árabes del partido comunista Hadash flameando sus banderas rojas con la hoz y el martillo, la cara de Marx o Lenin. Molesto de que intentaran convertir una cuestión que concernía a todos los estudiantes en su propio desfile partidista, le pregunté a una de ellos que tenía que ver Lenin en este asunto. Me dio una respuesta difusa acerca de la revolución.

El lugar y el horario de la manifestación habían sido coordinados previamente con la policía, que tenía una doble tarea: evitar potenciales desordenes por parte de los manifestantes, y prevenir que algún terrorista aprovechara la aglomeración para perpetrar un atentado contra un blanco fácil. Pero claro, una manifestación contra el gobierno no se siente como tal (ni llama la atención de la prensa), si en lugar de enfrentarte a la policía la tienes allí haciéndote de babysitter. Cuando el evento llegaba a su fin, la policía formó un cordón para evitar que todos los participantes interrumpiéramos a la vez en la vía principal y perturbéramos el tránsito, permitiendo la salida por otras calles menos transitadas. Los estudiantes más entusiastas aprovecharon la oportunidad para intentar forcejear en masa contra la barrera de policías. Me acuerdo de una estudiante tan comprometida con la lucha como pasada de peso, en la primera fila, haciendo muecas de dolor al ser aplastada entre los policías y la avalancha de estudiantes que la seguía por detrás. La barrera resistió los empujes sin esfuerzo. Mientras, hacia un costado, le pedimos amablemente a los policías que abrieran una brecha para dejar pasar a un estudiante en silla de ruedas, a lo que accedieron sin demora.

La mayoría de estudiantes se esparcieron al poco tiempo, los que habían llegado de otras ciudades se marcharon. Los que quedábamos renovamos la manifestación algunas cuadras más abajo, en el medio de la calle Yaffo, a la altura de Kikar Tzion, donde empieza la peatonal Ben Yehuda, una zona rebosante de turistas extranjeros encantados con la nueva atracción. Me quedé allí cerca de una hora hasta que me tuve que ir a trabajar. En todo ese tiempo, la policía que también se había instalado en el lugar, no daba muestras de tener apuro por desalojarnos y así permitir que se renueve la circulación de vehículos. Nos tenían rodeados, de un lado la policía de a pie, del otro cuatro efectivos a caballo, y en el medio cien o doscientos estudiantes. La lustrosa y reluciente pelada de Ilan Franco (el entonces jefe de policía del distrito Jerusalén, quien comandaba el asunto en persona), parecía irradiar cautela y moderación.

Y entonces fui testigo de una visión que hasta el día de hoy me deja perplejo cada vez que la recuerdo, algunas turistas yanquis de unos 18 años turnándose para sacarse fotos acariciando a los caballos, con la cómplice indiferencia de sus jinetes. En mi mente no puede separar esa imagen de otro episodio traumático, un recuerdo de la infancia: la policía montada repartiendo garrotazos a diestra y siniestra a la salida del Estadio Centenario de Montevideo.

Cuando al otro día leí las declaraciones de los compañeros de la gorda aplastada, quejándose de la violenta represión policial me lo tomé a risa. A partir de aquella y otras manifestaciones anteriores, suelo dar poco crédito a las acusaciones de brutalidad policíaca, salvo que sea contra palestinos o árabes israelíes (los muertos por balas de goma no son chiste). No me trago las actuales quejas de los colonos, contra los policías que acompañan a los supervisores encargados de controlar que se aplique el cese de la construcción en los asentamientos, ordenado por Benjamín Netanyahu por un período de diez meses.

domingo, 16 de agosto de 2009

A todos por igual

Algunos casos que dieron que hablar en los últimos dos meses.

1. Hace dos años y medio cuatro personas armadas entraron por la noche a una granja en el sur del país, presuntamente a robar ganado. El granjero disparó contra dos de ellos y los hirió gravemente. Cuando la policía llegó a la escena, encontraron al granjero administrando primeros auxilios a uno de los heridos, quien más tarde murió de sus heridas. El granjero fue llevado a juicio por homicidio, en el juicio alegó que había actuado en legítima defensa al creer que su vida corría peligro. Hace poco más de un mes el tribunal lo absolvió del cargo.

2. Un niño de tres años fue hospitalizado varias veces en estado de desnutrición en un hospital de Jerusalén. Los médicos no le encontraban ninguna enfermedad que pudiera explicar su situación, comenzaron a sospechar de que la madre era quien lo estaba privando de alimento. La cámara de seguridad del hospital filmó a la mujer desconectando el tubo que le habían colocado al niño para alimentarlo. Hace un mes la policía arrestó a la mujer.

3. En el año 2008 un renombrado político fue condenado a año y medio de cárcel, después de que un tribunal regional lo encontró culpable de recibir soborno y de otros actos de corrupción cometidos durante su período como Ministro de Trabajo. El ex-ministro apeló la sentencia a la Suprema Corte, en junio de este año la Suprema Corte rechazó su apelación y aumentó el castigo a cuatro años de prisión.

4. Ayer a la noche un grupo de cinco hombres y dos mujeres mataron a golpes a un señor de sesenta años que estaba disfrutando de una tarde con su familia en la rambla de Tel Aviv. La policía arrestó a los sospechosos.


Se trata de cuatro casos sin relación entre sí. Lo único que tienen en común, es que en todos ellos luego de que una o varias personas cometieran crímenes o delitos, la policía y/o el poder judicial han hecho su trabajo. El lector que ya haya escuchado con anterioridad acerca de alguno de estos casos, notará que al resumirlos me salteé a propósito un dato al que se le suele atribuir fundamental importancia cuando se discute sobre los mismos, la procedencia étnica, cultural y religiosa de los involucrados. Otro aspecto en común de los cuatro casos, es que en todos ellos hay quienes han intentado eludir sus culpas, alegando que todo el caso no es más que una orquestada persecución en su contra por ser miembros de tal o cual minoría:

1. El granjero, llamado Shai Dromi, es judío, los cuatro intrusos eran árabes beduinos. Según el padre de uno de los fallecidos, su hijo no cortó el alambrado y se introdujo armado a la propiedad ajena para robar, como ocurría frecuentemente en las granjas de la zona antes de este incidente, sino para "cazar conejos" (¡a las tres de la mañana! ¡qué deportista!). A un padre en duelo no se le puede reclamar nada, pero sí reclamaría menos hipocresía y oportunismo a los parlamentarios árabes que acusaron al tribunal de dejar libre a Dromi sólo porque los muertos eran árabes.

2. La madre del niño pertenece a una de las comunidades de judíos más ultra-ortodoxos de Jerusalén, los Naturei Karta. Miembros de la comunidad acusaron a la prensa, la policía, el personal del hospital y de los servicios de asistencia social, de conspirar en contra de la mujer por ser religiosa. Salieron a protestar violentamente quemando los tachos de basura de la ciudad.

3. El político en cuestión, Shlomo Benizri, era uno de los principales líderes del partido político ultraortodoxo sefaradí, Shas. Eli Ishai, actual Ministro del Interior por el mismo partido, le escribió una misiva al presidente Shimon Peres pidiendo el indulto para Benizri, alegando que Benizri es un judío mizrají y los mizrajíes se sienten discriminados por los judíos ashkenazíes. El hecho de que exactamente el mismo día que Benizri fue condenado a cuatro años, el ex-Ministro de Economía por el partido Kadima, Abraham Hirszon, judío ashkenazí, haya sido condenado a más de cinco años de cárcel por robo, no parece decirle nada a Ishai. El hecho de que el juez que dictó la sentencia de Benizri, Edmond Levi, también sea un religioso de origen sefaradí, según el hermano de Benizri, no es más que una prueba de la maldad de Levi.

4. Los cinco muchachos arrestados bajo sospecha de asesinato son árabes, las dos chicas son judías. Por su puesto, ya se escuchan las primeras voces que tachan al arresto de los cinco jóvenes árabes como otra conspiración contra la minoría árabe. No encontré datos sobre la procedencia del hombre asesinado, Leonard Karp (que en paz descanse).

A pesar del contexto trágico que no invita a la risa, en especial del último asesinato, tan espantoso y tan reciente, esta acumulación me recuerda al viejo chiste: "nosotros no somos racistas, odiamos a todos por igual". No me atrevería a sostener que los policías y los jueces en este país estén libres de prejuicios, que no exista aunque sea en cierta medida algún tipo de discriminación. Pero hay que ser justos y reconocer que en general hacen un buen trabajo, no hay ningún grupo social que este por fuera de su alcance, no se liberan los ricos y poderosos, los políticos ni los empresarios. Ni judíos ni árabes, ni laicos ni religiosos, ni ashkenazíes ni sefaradíes. El que quiera combatir la discriminación de buena fe, no debería abusar de la pertenencia del sospechoso a una minoría, como si se tratara de la carta que vale por una salida de la cárcel en el juego de mesa "monopolio".