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martes, 15 de marzo de 2011

Atenas y Jerusalén

"Obligaron a Israel a comportarse como Esparta, pero no ha renunciado a ser Atenas."

Me gusta mucho esa certera frase del escritor argentino Marcos Aguinis. Por "comportarse como Esparta" se refiere a la actividad militar, por "ser Atenas" al cultivo de la filosofía, las artes y las ciencias. Pero con "no ha renunciado" se queda corto. Israel es el tercer país del mundo con mayor cantidad de patentes registradas por habitante, el país con mayor cantidad de publicaciones científicas per cápita, uno de los países con mayor porcentaje de egresados universitarios. Más de un 25% de los israelíes poseemos al menos un título académico. Sí, poseemos, en primera persona del plural, a partir del día de hoy puedo decir con orgullo que paso oficialmente a engrosar el procentaje. Estoy que no cago de felicidad.

Tras varios años de retraso recibí mi B.A. de la Universidad Hebrea de Jerusalén: major en "Comunicación y Periodismo" y minor en "Literatura General y Comparada". El retraso se debió principalmente a que fui un estudiante muy poco aplicado, me dediqué más a escribir blogs y otras tonterías por internet que a estudiar, de eso no me enorgullezco, al contrario. Pero además la demora se alargó porque me tocó pasar un tiempo vestido de espartano.

Con todo algo aprendí. A tomarme en serio eso de "sólo sé que no sé nada". Y no lo digo con humildad, de verdad no sé nada. Sobre todo de literatura. Sólo sé que nunca, ni aunque viva tres vidas alcanzaré a leer todos los libros y autores que me gustaría. Leí una vez que en los estudios literarios alcanza con tirar un par de nombres de críticos franceses (Genette, Barthes, Derrida, Lacan, Foucault) y un poco de rimbombante jerga académica (formalismo ruso, postestructuralismo, deconstrucción, metaficción, narratología) y pareciera que uno sabe de que cuernos está hablando. Y así es, tal cual. Recuerdo que antes de empezar pensaba que con un título en literatura por fin iba a poder entender a Jorge Luis Borges. Bueno, sí, un poco más lo entiendo. Pero desde entonces se me sumaron otros que no alcanzo a comprender (James Joyce: aprontate que ya te voy a agarrar por los cuernos un día de estos). Y mientras tanto, como para ir ampliando mi noción de cuánto no sé, comencé otro curso universitario en otra área que poco y nada tiene que ver con las anteriores.

Resumiendo, sólo sé que no sé nada, pero ahora tendré un diploma que lo certifica.

sábado, 12 de marzo de 2011

A sangre fría

A sangre fría (1966) es la gran obra maestra del genial escritor norteamericano Truman Capote. Basada en hechos reales que Capote investigó durante años como parte de su trabajo periodístico, cuenta la historia de dos hombres que a fines de los años cincuenta en una zona rural de Estados Unidos, entran a la casa de una familia para robar, no encuentran nada de valor, pero igual matan uno por uno al padre, la madre, el hijo y la hija. Los asesinos son atrapados, encarcelados y condenados a la pena de muerte. El periodista que los entrevista mientras esperan que se cumpla su sentencia nos describe a uno de ellos como un hombre perverso, sádico y sin escrúpulos, al otro como un hombre sensible que ha tenido una infancia difícil y se encontró acorralado por las circunstancias.

Esta mañana desayuné con una noticia que me recordó el comienzo del libro de Capote por su escalofriante parecido. Dos terroristas entraron por la noche al asentamiento de Itamar y mataron a puñaladas a los dos padres, a dos niños de 11 y 3 años y a un bebé de pocos meses. Al parecer se saltearon una de las habitaciones, de donde se escapó la hermana mayor de 12 años rescatando a dos hermanos más pequeños.

No es la primera vez que ocurre algo así, ya me imagino el desenlace. Tzahal va a atrapar a los asesinos, van a ser juzgados y sentenciados a una cadena perpetua por cada asesinato sin posibilidad de reducir su condena. Posiblemente igual serán liberados más tarde en un intercambio de prisioneros, por prisioneros israelíes vivos o muertos. En el exterior buena parte de los interesados en el conflicto palestino-israelí ignorarán este suceso por completo, seguirán afirmando que no hay razón para ninguna medida de seguridad israelí, que todas las tomamos por un estado de miedo cobarde e injustificado que nos infunden nuestros líderes, o por el placer de joder a los palestinos. Otros nos dirán que la culpa es de la familia que se fue a vivir a los territorios, que los asesinos no son terroristas sino unos pobres desgraciados que se vieron forzados por la ocupación israelí a apuñalar niños mientras dormían (no ignorarán este caso, solamente los casos similares ocurridos dentro de la línea verde). Pero entre los suyos no los considerarán asesinos sin escrúpulos ni pobres desgraciados, sino héroes nacionales. Cuando sean liberados serán aclamados por la multitud, pronunciarán discursos públicos, recibirán medallas de honor. Véase Samir Kuntar.

viernes, 19 de febrero de 2010

Literatura y tolerancia

Algunos escritores creen tener la capacidad para promover la paz y la tolerancia mediante sus obras de ficción, mostrando la realidad desde el punto de vista del otro. Entre los escritores israelíes contemporáneos, adhieren a esta tesis dos de los más reconocidos: A. B. Yeoshúa y Amos Oz. Así lo expresó Oz al recibir el Premio Príncipe de Asturias en octubre del 2007:

"Pero como lector no sólo observas a la mujer que mira por la ventana, sino que estás con ella, dentro de su habitación, e incluso dentro de su cabeza. Cuando lees una novela de otro país, se te invita a pasar al salón de otras personas, al cuarto de los niños, al despacho, e incluso al dormitorio. Se te invita a entrar en sus penas secretas, en sus alegrías familiares, en sus sueños. [...]

La mujer de la ventana puede ser una mujer palestina de Nablus y puede ser una mujer israelí de Tel Aviv. Si desean ayudar a que haya paz entre las dos mujeres de las dos ventanas, les conviene leer más acerca de ellas. Lean novelas, queridos amigos, aprenderán mucho. Las cosas irían mejor si también cada una de esas dos mujeres leyese acerca de la otra, para saber, al menos, qué hace que la mujer de la otra ventana tenga miedo o esté furiosa, y qué le infunde esperanza."

Tomado de Ars Judaica

Otros escritores algo más modestos difieren, entre ellos Meir Shalev. Shalev como activista político se encuentra en la misma línea que sus dos colegas antes mencionados, pero no tiene esa misma fe en la literatura como medio efectivo para promover la paz. En una entrevista de hace un par de meses para Yedihot Ajronot con motivo de la publicación de su última novela, comentaba una conversación que mantuvo al respecto con A. B Yeoshúa, le decía que con todo el respeto que le merece, la ficción es eso: ficción. Yo concuerdo con Shalev, me queda la impresión de que Oz y Yeoshúa subestiman al lector. Puedes ofrecerle al lector el punto de vista del otro, pero en última instancia será él quien lo interprete, se sienta identificado o lo rechace.

La "novela de otro país" no nos muestra realmente las penas secretas y los sueños de "la mujer que mira por la ventana", sino una representación particular de las mismas, una ilusión convincente en el mejor de los casos (si la novela está escrita con maestría), pero una ilusión al fin. El lector decide cuál es, según su propia percepción, la distancia que separa (o une) entre dicha ilusión y la realidad. Un buen ilusionista como Oz refuerza la ilusión haciendo de cuenta que no existe esa distancia, como lo hace en el discurso citado. En cambio un genio universal como Miguel de Cervantes, mantiene la ilusión y al mismo tiempo nos recuerda la distancia a cada paso. Amos Oz y A.B. Yehosúa caen en la heroica ingenuidad quijotesca, cuando intentan reparar la realidad revistiéndola de ficción. Deberían prestar oídos a la advertencia del padre de la novela moderna o se van a romper los dientes de tanto estrellarse con molinos de viento. ¿Será eso lo que ocurre con Meretz, el partido político al que apoyan abiertamente y que se achica en cada elección? Una ola de atentados suicidas o una lluvia de cohetes son más persuasivas que cualquier compasiva descripción sobre la mujer de la ventana.

Y si los grandes como Amos Oz, A.B Yeoshúa y Meir Shalev poco influyen, ¿qué puede lograr un humilde blogger?

Relacionado:
* Por amor a Judit

miércoles, 27 de enero de 2010

Área determinada para apátridas

Ese era el eufemismo que las autoridades militares japonesas empleaban para referirse al gueto de Hongkew, en el distrito del mismo nombre. El único gueto judío del mundo que no estaba en manos de los nazis. La idea de recluir a todos los judíos había surgido a raíz de la visita secreta (aunque en Shanghai las únicas cosas secretas eran las que no tenían lugar, todo lo demás acababa por saberse más tarde o temprano) del coronel de las SS Josef Meisinger, el jefe de la Gestapo en Tokio, con el fin de trasladar a las autoridades militares japonesas el resultado de la Conferencia de Wannse, en la que se había aprobado la "solución final" para la "cuestión judía". El plan de Meisinger pasaba por apresar a los judíos cuando estuvieran celebrando el Rosh Hashanah, el día del Nuevo Año judío, embarcarlos en paquebotes, conducirlos hasta alta mar y dejarlos morir de hambre. Otra posibilidad pasaba por llevarlos hasta la isla de Tsungming, un lugar desierto, donde los judíos no tardarían en devorarse los unos a los otros ante la falta de agua y alimentos. A cambio los japoneses recibirían los bienes que incautaran a los detenidos. El gobernador militar de Shanghai congregó entonces a los principales líderes de la comunidad hebrea, a quienes pregunto la razón por la cual los alemanes sentían tanto odio hacia ellos. El Rabi Simon Kalish le dijo al traductor: "Di al gobernador que los alemanes nos odian porque somos orientales." La respuesta de Kalish provocó una leve sonrisa en el militar japonés, que tenía fama de hombre serio. Como consecuencia de aquella reunión, los japoneses se limitaron a encerrar a los judíos "sin patria", es decir, de Alemania y aquellos países que habían quedado bajo su dominio, en un gueto sin alambradas pero bajo un férreo control policial, la llamada "área determinada para apátridas". Un total de veinte mil hombres, mujeres, niños y ancianos. El resto, otros once mil, se libraron de ser recluidos, siempre y cuando no poseyeran pasaportes expedidos por gobiernos hostiles como el británico o el norteamericano. De modo que los cerca de ocho mil judíos "sin patria" que por entonces residían fuera del distrito de Honkew, se vieron forzados a vender sus hogares y negocios a precios irrisorios y a instalarse en el "área determinada para apátridas" antes del 18 de mayo de 1943, fecha límite impuesta por las autoridades japonesas.

El anterior es un fragmento tomado de la novela "El judío de Shanghai" (2008) de Emilio Calderón. Martín Niboli, cónsul de España en Shanghai (personaje ficticio) investiga la misteriosa muerte de Leon Blumenthal, un amigo suyo recluido en el "área determinada para apátridas", y a la par intenta rescatar a su viuda, la hermosa Norah, de quien está perdidamente enamorado y por la cual se había instalado en Shanghai años antes. El libro me pareció interesantísimo, una buena forma de conocer un poquito acerca del Gueto de Shanghai y otras atrocidades cometidas por los japoneses en China durante la Segunda Guerra Mundial, como los experimentos con armas biológicas y la explotación de mujeres como esclavas sexuales para sus soldados. Me gustó, aunque debo decir que los personajes me resultaron poco creíbles, por ejemplo Niboli, tan pero tan bueno que acepta el cargo de cónsul a pesar de ser secretamente anti-franquista, para poder ayudar a los republicanos prófugos, como si no le alcanzara con ayudar a los pobres proporcionándoles servicios médicos casi gratuitos y rehabilitar a una esclava sexual. Así no sorprende que se le oponga el temible y malvado coronel Fukuda, casi tan malo como el talibán de Cometas en el cielo. En fin, una recomendable novela histórica, con todo lo que se le puede pedir al género: amor, guerra, intrigas, misterio, espionaje, Mao Tse Tung, y un insuperablemente exótico revoltijo humano que incluye judíos, chinos y japoneses.


Relacionado:
* 27 de enero: Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto
* The Fugu Plan

jueves, 21 de enero de 2010

Si hay paraíso

"Si hay paraíso" (אם יש גן עדן) es una novela del escritor israelí Ron Leshem publicada en el 2005. La novela relata la retirada de las Fuerzas de Defensa de Israel del sur del Líbano en el año 2000, desde la perspectiva de Liraz Liberti (alias Erez), un joven comandante a cargo de un pequeño equipo de combatientes que sirven en Beaufort, una antigua fortificación cruzada. Aún no hay traducción al español, la traducción al inglés lleva el título "Beaufort", igual que la película israelí basada en el libro y nominada al Oscar como mejor película extranjera en el 2007. El título original también hace referencia al lugar en el que transcurre la mayor parte del argumento, al llegar por primera vez, el comandante del puesto saluda a Erez: "Bienvenido a Beufort, si hay un paraíso así es como se ve, si hay un infierno así es como se siente", señalando el contraste entre la belleza natural y la aparente tranquilidad pastoril de la zona, con la intensa y exigente vivencia militar.

En Israel el libro es muy pero muy popular, más que la película. Cuando el film saltó a la fama, me dije a mí mismo que antes de verlo prefería primero leer el libro. Más tarde un amigo que combatió en la Segunda Guerra del Líbano (2006) me lo recomendó, afirmando que Leshem transmite fielmente la experiencia del soldado combatiente. De eso se trata, más que en los hechos históricos (que tampoco deja de lado), la novela se centra en el soldado, sus miedos, sus deseos, fantasías, frustraciones y traumas. La relación con la familia y la novia que se preocupan desde la distancia pero no pueden comprender por lo que está pasando, los lazos con los compañeros, los superiores y los soldados bajo su mando, y con el enemigo casi abstracto que ataca desde la distancia y siembra explosivos en las rutas de acceso, pero no da la cara. El agotamiento y el frenesí que acompañan a cada misión, el estado de alerta permanente, la cercanía de la muerte. Los cuestionamientos acerca de lo absurdo de la guerra y la necesidad de reprimirlos para poder seguir adelante.

Me gustó, está bien redactada y por momentos es atrapante, pero también me decepcionó un poco, no logré compenetrarme con el personaje. Erez está tan "envenenado" (מורעל, sleng militar que significa estar exageradamente entusiasmado con el ejército), que en cierto momento rompe su noviazgo de seis años para concentrarse exclusivamente en su misión. No siento gran simpatía por él, aunque tampoco me provoca un fuerte rechazo, y una novela escrita en primera persona cuyo narrador no me conmueve de una u otra forma, para mí no es la gran cosa.


Contexto histórico:
En 1982 comenzó la Operación Paz para la Galilea o Primera Guerra del Líbano, una ofensiva israelí en territorio libanés con el objetivo de frenar los ataques de grupos terroristas palestinos desde el Líbano al norte de Israel. La guerra se extendió por tres años, hasta que Israel se retiró de casi todo el territorio en 1985. Sin embargo, Israel mantuvo una "Franja de Seguridad" de varios kilómetros de profundidad en el sur del Líbano, que debía impedir a Hezbolá alcanzar los pueblos y ciudades del norte de Israel. Ante el elevado número de soldados muertos en la Franja de Seguridad, durante los años noventa surgieron grupos de protesta que cuestionaban la necesidad y la efectividad de la presencia israelí en el Líbano, exigiendo la retirada total. En 1997 ocurrió la "Catástrofe de los Helicópteros" (אסון המסוקים), dos helicópteros que transportaban tropas chocaron entre si causando la muerte de decenas de soldados. A partir de entonces, las protestas cobraron fuerza y la opinión pública israelí se fue volcando a favor de la retirada. En 1999 Ehud Barak, electo Primer Ministro, anunció que Israel se retiraría del Líbano al año siguiente.

Sinopsis de la película:



Post relacionado:
* Trampa 21

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Trampa 21

Trampa 22 (1961) de Joseph Heller es un libro que ha tenido éxito en todo el mundo. En Israel es enormemente popular, y aunque no tengo datos de ventas que me respalden, me atrevería a apostar que ha tenido más impacto que en ningún otro lugar. No es de extrañarse, en un país donde la mayoría de los jóvenes de 18 años deben alistarse al servicio militar obligatorio, son muchos los que se sienten identificados con el protagonista de la obra, el Capitán Joseph Yossarian.

Yossarian es un piloto de avión bombardero norteamericano, quien sirve durante la Segunda Guerra Mundial en una base estadounidense ubicada en una isla italiana. Se trata del opuesto absoluto a todos esos héroes de guerra yanquis con los que nos han inundado las películas de Hollywood. Su mayor aspiración es que lo liberen del servicio. Para ello recurre al médico del regimiento y le solicita que lo de de baja por loco. El médico le explica que eso no es posible, lo impide la trampa 22. Si pide que lo retiren por loco, eso demuestra que está cuerdo, puesto que sólo un loco consentiría seguir arriesgando su vida en la guerra. Al demostrar que está cuerdo, no lo pueden dar de baja por loco. Y a los que siguen combatiendo sin tener la cordura de hacerse pasar por locos, tampoco los retiran, porque para eso primero tendrían que solicitar ser retirados por locos, cosa que no hacen ya que están locos realmente.

En Israel no es tan difícil salirse del ejército por loco. Uno de los que me recomendó el libro fue un soldado que poco tiempo después salió del ejército con "perfil 21", es decir, fue declarado psicológicamente inhabilitado para el servicio militar. Hay muchas personas que se retiran con "perfil 21" o directamente no se enrolan. Sospecho que hay muchas más, que sin llegar a hacerse pasar por locos, habrán fantaseado alguna vez, en los momentos difíciles, con la posibilidad de que el psicólogo militar les facilite la puerta de salida. Además, no hay soldado que no se haya enfrentado alguna vez a la pesada maquinaria burocrática de un organismo gigantesco como es el ejército, sin toparse con situaciones absurdas dignas de la obra de Joseph Heller. Me gustaría creer también, que la mayoría de los soldados comparten la visión de Yossarian sobre la irracionalidad de participar en la guerra desde el punto de vista estrictamente individual.

Aún así, cabe preguntarse cómo es posible que en una sociedad tan militarizada, sea tan popular un libro tan anti-militarista. La respuesta se haya en la diferencia entre "militarizada" y "militarista". Quiero creer que a pesar del enorme peso que tiene el ejército en la sociedad israelí, no se trata de una sociedad militarista, que la mayoría de los ciudadanos tenemos claro que el ejército es un medio y no un fin en si mismo, un mal necesario. Teodor Herzl escribió en El Estado Judío (1896): "Mantendremos a nuestros sacerdotes dentro de los confines de sus templos, así como mantendremos al ejército profesional en los confines de sus cuarteles". Ojalá llegue pronto el día en que sea posible hacer realidad una división tan clara, y frenar la excesiva intromisión de los líderes religiosos y militares en los asuntos civiles.

Trampa 22 es uno de los libros más graciosos y divertidos que he leído en años, lo recomiendo efusivamente. Por último les dejo una escena de la película basada en el libro:



Artículo relacionado:
* Israel: un ejército de ciudadanos.

Otros libros populares en Israel:
* Saga de Harry Potter
* Comentas en el cielo

sábado, 17 de octubre de 2009

Por amor a Judit

Hace tiempo que había caído en mis manos la novela del escritor israelí Meir Shalev, titulada en español: "Por amor a Judit". Ese título tan chicloso me frenó ya desde la tapa las ganas que tenía de leerla. Cuando al final me decidí a empezarla descubrí en la primera hoja, donde aparecen los datos de la edición, que el título original es "כימים אחרים", que se podría traducir más fielmente a "como otros días" o "como otra época". Me imagino que la Ediciones Salamandra eligió el título más romántico por motivos de marketing, pensando en otro público de lectores. Lo que yo quería era aprovechar la oportunidad de leer algo de literatura israelí traducida al español, de la que no hay mucha oferta acá en Israel. Suelo leer también prosa en hebreo, pero disfruto más leyendo en mi lengua madre.

La historia la narra el hijo de Judit, Zeide. Como aclara desde el principio, Zeide no es un apodo sino el nombre propio que recibió de su madre al nacer. Zeide significa abuelo en idish, Judit se lo puso para engañar al Ángel de la Muerte, que al encontrarse con un niño pequeño llamado abuelo, presa de la confusión, se marcha sin llevarse al niño consigo. Zeide cuenta la historia de su madre, quien años antes de la creación del estado llega como empleada a la granja del viudo reciente, Moisés Rabinovitch, para ayudar en las tareas domésticas y la crianza de los dos huérfanos, Oded y Noemí. De paso nos cuenta también su propia historia, la historia del pueblo Kfar David y de algunos de sus habitantes, en particular la de los pretendientes de su madre. De esa mujer que ya ha dejado de ser joven, con su personalidad endurecida por la desgracia, se enamoran los tres: Rabinovitch, el granjero fortachón y deprimido; Globerman, el comerciante de ganado grosero y acaudalado; y Jacob Shceifeld, el criador de canarios persistente y nostálgico. Además de disputarse el amor de Judit, los tres se atribuyen la paternidad de Zeide.

Se ha dicho sobre Meir Shalev que una de las influencias principales sobre sus obras es el realismo mágico de Gabriel García Marquez. En "Por amor a Judit", además de las propiedades mágicas del nombre Zeide, hay pocos eventos sobrenaturales de los que son frecuentes en el realismo mágico. El personaje de Jacob Shceifeld me recuerda a Florentino Ariza de "El amor en los tiempos del cólera", un amante que no se deja amedrentar por el rechazo inicial ni el transcurso de las décadas, aunque ese sea un motivo que puede provenir de otras fuentes. La influencia de García Marquez se siente más que nada en el manejo del tiempo de la narración, ese vaivén de saltos en el tiempo que van armando la historia como pinceladas pintando un cuadro, trazando una línea narrativa que avanza con claridad del pasado al presente, pero que a la vez genera cierta sensación de simultaneidad de los eventos narrados. Otra influencia notoria en la obra de Shalev, es la literatura floklórica judía de Europa oriental, los cuentos de las aldeas judías de Polonia o Ucrania como los de Bashevis Singer y Sholem Aleijem. La narración se va tejiendo entre las biografías de los ditintos personajes, entre la primera y la tercera persona, entre los testimonios que Zeide recaba y los baches que llena con su imaginación o deja sin cubrir adrede, entre Kfar David, los caminos a Haifa y Jerusalén, y las aldeas de las que provienen sus tres padres. Se forma así un tejido narrativo rico, variado y atrapante.

Me sorprendió el lugar secundario que ocupan los eventos violentos ocurridos en el lapso de tiempo que cubre la novela, que empieza en los años treinta y se extiende por varias décadas. Pareciera que prevalece la visión romántica de Jacob Shceifeld, según la cual los horrores bélicos de aquella época no son más que elementos subordinados a la historia de amor. Salvo por el tema de la inmigración y el desarrollo agrícola, el contexto histórico queda relegado, la geografía y la fauna de la región ocupan un lugar mucho más central. Shalev se aparta de la temática local y apunta a los temas universales: el tiempo, el amor, la paternidad y la muerte.

lunes, 12 de octubre de 2009

Solución salomónica

Cuenta la Biblia, en Reyes I capítulo 3, que dos mujeres se presentaron ante el Rey Salomón reclamando la maternidad de un mismo bebé. Salomón ordenó traer una espada para partir el niño y entregar una mitad a cada una. Una de las mujeres estuvo de acuerdo, la otra pidió que no lo mataran y prefirió que el niño siguiera con vida aunque no fuera ella quien se lo quedara. Así reconoció Salomón tres mil años antes de los tests de ADN, que la segunda mujer era la verdadera madre y ordenó dejar al niño sano y salvo en sus manos.

Escuché una vez en un programa de radio a un oyente que comparó el conflicto palestino-israelí con el de las dos mujeres de la leyenda bíblica. Según él, el pueblo que está dispuesto a hacerlo todo para que la Tierra de Israel permanezca entera y no sea dividida a la mitad como Salomón quería dividir al niño, es la "verdadera madre", el legítimo propietario del terreno disputado. El oyente sostenía que los palestinos son los verdaderos dueños, puesto que prefieren matarse antes que ceder un centímetro de territorio. Podría aplicarse esa misma lógica a los extremistas de ambos bandos, más dispuestos a derramar su sangre y la de sus hijos que a conceder un milímetro del que consideran su territorio.

En mi opinión, se trata de una interpretación muy retorcida. El oyente perdió de vista dos detalles fundamentales. En primer lugar, la verdadera madre en el cuento es aquella que está pronta a renunciar a lo que le es más preciado con tal de evitar el derramamiento de sangre, en todo caso la "verdadera madre" en el conflicto sería aquel que está listo a hacer "concesiones dolorosas" con tal de evitar que sus seres queridos sigan corriendo peligro de vida. En segundo lugar, un pedazo de tierra no es lo mismo que un ser humano y dividir un terreno no es lo mismo que cortar a una persona a la mitad. La tierra no "se muere" si se divide a la mitad, los que viven o mueren son los seres humanos, y en este caso postergar la división lleva a más muertes. No hay que personificar a la tierra, referirse a un territorio como si tuviera cualidades humanas como la vida o la libertad, esa personificación de la tierra es una síntoma de fanatismo, propio de quienes aman a la tierra más que a los propios hijos.

Cuando se libera un territorio, no es el suelo el que es liberado, son las personas que viven sobre él. Cuando se ocupa un territorio, no es el suelo el oprimido, sino las personas que viven bajo el régimen de ocupación. Por eso Cisjordania es un territorio ocupado, pero Jerusalén del Este y los Altos del Golán no lo son, aunque hayan sido conquistados en la misma guerra, puesto que los habitantes de Jerusalén y el Golán - tanto árabes como judíos - viven bajo una misma ley y son acreedores a la ciudadanía israelí igual que en Haifa o Tel Aviv.


Articulos recomendados:
* "Muerte o unga-unga" a la Netanyahu de Marcelo Kisilevski.
* A quién pertenece Tierra Santa.

domingo, 4 de octubre de 2009

Guía de Wanker

David Grossman es un escritor israelí, conocido en el exterior principalmente por su activismo político a favor de la paz y el diálogo entre palestinos e israelíes. Dentro de Israel es uno de los críticos más duros de la ocupación israelí en Cisjordania. No obstante, Grossman sostiene que el estado judío tiene derecho a existir y a defender a sus ciudadanos. En un post anterior había comentado que para quienes odian a Israel no hay diferencia entre David Grossman y el más fanático de los colonos. Cuando escribía aquellas palabras tenía en mente a Gilad Atzmon, un músico y escritor israelí (reside en Londres), a quien no le tiembla la mano al tachar a David Grossman de racista y fanático religioso, nada menos.

En "El viento amarillo" de David Grossman hay un fragmento que me recordó por contraste el libro de Gilad Atzmon, "Guía de perplejos". Grossman señala el hecho de que durante la conquista y ocupación israelí de Cisjordania, no se dieron casos de violación de los soldados conquistadores a las mujeres de la zona conquistada, como es habitual en casi todas las guerras. Según Grossman, en paralelo a los horrores cometidos por los israelíes durante la ocupación - sobre los que no ahorra detalles - los israelíes también intentamos mantener cierto código moral, y junto a la crueldad, a veces demostramos también cierta consideración por la población que vive bajo la ocupación. Atzmon ofrece otra explicación al tema de las violaciones.

El protagonista de "Guía de perplejos" es un israelí llamado Günther Wunker. Durante su juventud el mayor sueño de Günther era morir como héroe de guerra, tanto es así que a su novia Abishag, la elige porque tiene las cualidades necesarias para convertirse en una buena viuda de guerra. Sin embargo, a la hora del combate, en un arranque de locura (o de cordura, según la interpretación), Günther se dispara así mismo en la pierna y así logra que lo retiren del campo de batalla a causa de las lesiones. Más adelante, entre sus estudios universitarios, sus viajes y sus aventuras con diferentes mujeres, Wunker desarrolla un nuevo paradigma científico, la "pipología", que explica todas las interacciones humanas como formas de voyeurismo y masturbación. Rescatado por el instinto de supervivencia que salvó a su abuelo de morir a manos de los nazis al escapar de Alemania a tiempo, Wunker abandona Israel al intuir su inminente caida, y retorna a la patria de sus abuelos.

El sueño húmedo del autor se cumple en su ficción, los árabes derrotan a Israel y lo borran del mapa. Wunker, que a esas alturas ya es respetado como una eminencia científica a lo Sigmund Freud, es invitado de honor para dar conferencias en una universidad del nuevo estado árabe. Allí uno de sus discípulos explica que la falta de violaciones de hombres judíos a mujeres árabes, arraigada en el racismo judío, es uno de los motivos por los cuales el conflicto había sido indisoluble hasta entonces. Por lo tanto propone organizar redadas de violaciones mutuas entre árabes y judíos, todo en favor de la paz. Un gran feminista.

"Guía de perplejos" es una obra de ficción cargada de ironía, y como tal no se puede determinar en qué se identifica el autor con su protagonista. Pero yo me quedo con las sensación de que ambos comparten un gran menosprecio al estado judío y un patético delirio de grandeza. Lo pretencioso de la obra salta a la vista ya desde el título, que es el nombre del extenso tratado filosófico de Maimónides (uno de los mayores filósofos judíos de todos los tiempos), obra clave de la filosofía judía, en la cual el rabino cordobés intenta abarcar todas las dudas acerca de la Torá. Atzmon pretende ser provocativo, y si bien tiene algunos momentos ingeniosos, más que provocativo es lisamente y llanamente grosero y vulgar.

martes, 15 de septiembre de 2009

Cometas en el cielo

Puedo entender qué es lo que vieron tantos lectores que coronaron a "Cometas en el cielo" de Khaled Hosseini (2003) como un éxito de ventas en Israel y en el mundo. El relato es realmente conmovedor, una tragedia brutal y sangrienta, tanto en el plano íntimo y personal de los protagonistas, como en el plano histórico: el trasfondo de los acontecimientos violentos sobre el cual transcurre el argumento. Cometas en el cielo ofrece al lector una mirada única hacia al Afganistán de los talibanes y de las décadas previas, una puerta a un país que - tal como señala uno de los personajes - nadie sabía ubicar en el mapa, pero de la noche a la mañana se transformó en un misterio que intriga a Occidente. Y sin embargo, como obra literaria Cometas en el cielo me pareció bastante mediocre, no más que otro decepcionante bestseller.

Amir vive en San Francisco, California, y se gana la vida escribiendo novelas. Nos narra en primera persona el relato de su infancia como hijo de un padre rico y respetado en Afganistán a comienzos de los setenta. El relato se centra en la amistad de Amir con su sirviente Hassan (un año menor que él), y en sus esfuerzos por obtener el amor de un padre frío y distante. El lector acompaña a Amir y a su padre al exilio en el año 1981, poco después de que los soviéticos invaden Afganistán. El argumento no es narrado en forma cronológica, la narración parte del año 2001, unos pocos meses antes del atentado a las Torres Gemelas, cuando un viejo amigo telefonea a Amir y lo invita a un viaje de regreso que lo redimirá de aquel terrible pecado cometido en su infancia, cuyo peso sigue cargando en secreto sobre su consciencia desde hace 25 años.

Hay un fragmento del libro que sí me gustó en especial, cuando Amir le lee a Hassan su primer cuento corto, su primera creación literaria. Hassan, que no sabe leer ni escribir, lo halaga con entusiasmo, pero también le formula algunas preguntas en apariencia inocentes, que ponen de manifiesto el defecto del cuento: un argumento que no se sostiene. Del mismo modo, también en Cometas en el cielo hay unos cuantos problemas bastante obvios, no sólo con el argumento, sino principalmente con el estilo de la narración y con la caracterización de los personajes.

El narrador se repite a sí mismo sin cesar, se cita a sí mismo hasta el hartazgo. La ironía trágica de la historia es resaltada en demasía, como si el autor no confiara en el lector y temiera que la ironía pueda pasar desapercibida, y optara por arrastrar dicha ironía hasta una exageración que supera lo grotesco. También sobre el final, cuando cabría esperar que las complicaciones por fin llegaran a su solución, el lector recibe otra dosis de horrores sangrientos a modo de postre. El libro además está lleno de clichés, a veces el narrador se disculpa por el cliché que está apunto de emitir, como si eso lo eximiera de la necesidad de ser original. Incluso cuando el argumento se deteriora hasta el absurdo el narrador así lo anuncia, como si el hecho de reconocerlo hiciera que el giro no fuera tan malo. Entre todos los defectos de la obra, el peor es el personaje del malvado Talibán, tan pero tan maligno que pierde toda pizca de verosimilitud, hasta el Doctor Menguele habría resultado más humano.

No he visto la adaptación cinematográfica, quizás valga la pena, peor que el libro no puede ser. En la tapa de la segunda edición en español de Ediciones Salamandra (2007), figura una frase de la escritora chilena Isabel Allende en alabanza a la obra. Mi recomendación: saltéense Cometas en el cielo y lean directamente alguno de Allende ("La casa de los espíritus", "El plan infinito", "Cuentos de Eva Luna").


Curiosidad: hace uno o dos años vi en facebook una lista de los cinco libros que más miembros de la red Israel tenían como favoritos, según los datos que cada cual publica en su perfil. Así es como me interesé en el libro de Hosseini. Aparecían también Harry Potter, Trampa 22, 1984 y El alquimista. Me queda leer El alquimista y la completo, pero no sé cuándo reuniré valor para leerme otro bestseller.

miércoles, 26 de agosto de 2009

El viento amarillo

David Grossman es uno de los escritores israelíes más aclamados. Es también reconocido como activista por la paz y se lo suele identificar con la izquierda israelí. Además de sus obras de ficción, ha publicado libros de análisis sobre el conflicto palestino-israelí. En 1987, poco antes de que estallara la Primera Intifada, salió a la luz "El viento amarillo", una colección de textos en los que recolecta sus impresiones y reflexiones surgidas a partir de siete semanas de recorridos por la Cisjordania ocupada.

La mayor parte de los textos rondan en torno a las entrevistas realizadas en dichos recorridos, Grossman entrevista a maestras de preescolares en un campamento de refugiados, a una abogada de palestinos acusados de terrorismo en cortes militares, profesores y estudiantes universitarios en Belén, palestinos que trabajan y viven clandestinamente en Tel Aviv, el padre de un terrorista cuya casa fue derribada, colonos judíos de los alrededores de Jerusalén, soldados que sirven en el paso fronterizo con Jordania, etc. También se incluye un relato corto sobre un oficial israelí encargado de supervisar una aldea cisjordana, y una reseña de una investigación académica sobre los sueños nocturnos de los niños en los campamentos de refugiados y en los asentamientos judíos. Una pregunta lo acompaña a lo largo de toda la obra: ¿cómo se puede hacer para detener la constante acumulación de odio entre ambas partes? En su esfuerzo por abarcar el asunto en toda su compleja ambigüedad, no emite ninguna respuesta simple y clara.

Como israelí, el libro me resultó muy difícil de digerir. Con su descripción de los horrores de la ocupación, Grossman nos pone frente a un espejo en el que no es agradable mirarse. Los palestinos tampoco salen bien parados, pero eso no es consuelo. Las circunstancias han cambiado mucho desde que el libro fue publicado, pero tanto en el prólogo a la edición de 1998 como en el epílogo a la edición del 2002 (en inglés), Grossman sostiene que en escencia la situación sigue siendo la misma (apuesto a que también diría lo mismo hoy en día).

El hecho de que el autor sea David Grossman hace que su lectura sea especialmente dolorosa. No se trata de otro de los tantos escritores que odian a Israel, sino de alguien que ama a su patria. Para quienes odian a Israel, no hay diferencia sustancial entre Grossman y el más fanático de los colonos. Grossman es indiscutiblemente sionista, defiende el derecho del pueblo judío a su propio estado, considera como legítimo el uso de la fuerza para defender a dicho estado en los momentos en que no nos dejan ninguna otra salida. Él mismo sirvió en el ejército, tanto en el serivcio obligatorio como en la reserva, su hijo de 20 años murió luchando en la Guerra del Líbano del 2006. Reconoce que la ocupación, por la que critica a Israel tan duramente, es la consecuencia de una guerra en la que los vecinos árabes intentaron destruir al país. No escribe para juzgarnos y condenarnos con regozijo, no lo mueven la hostilidad y el resentimiento hacia el país de los judíos, tampoco el sentimiento de culpa ni el automartirio, lo mueven sus valores judíos y humanistas, escribe para concientizar y prevenir a su propia gente. No se lo puede descartar como a tantos antisionistas y/o antisemitas, conviene tomarlo en serio.

Para terminar quiero dejar una frase tomada de un debate entre Grossman y un grupo de colonos, donde el primero expresa una postura con la que me identifico por completo:

"...la persona que busca justicia infinita está evadiendo las decisiones prácticas, yo no busco justicia pura, ni tampoco saldar cuentas históricas, sino más bien una vida factible, no más que imperfecta y tolerable, causando cuanto menos injusticia sea posible."


Se recomienda también:
* Discuro de David Grossman en el 11 aniversario del asesinato de Rabin. Pronunciado en noviembre del 2006, pocos meses después de la Segunda Guerra del Líbano en la que murió su hijo.
* Entrevista a David Grossman. 2003.

miércoles, 29 de abril de 2009

Sionismo ficción

Hace unos años solía frecuentar el sitio web de la Sociedad Israelí de Ciencia Ficción y Fantasía, me gustaba sobre todo la sección de las "encuestas sin propósito". Me acuerdo especialmente de dos encuestas, la segunda sobre qué libro de Ciencia Ficción o Fantasía habría que acortar a la mitad, me quedó grabada en la memoria porque algunos comentaristas sacrílegos sugerían eliminar los capítulos sobre Tom Bombadil de El Señor de los Anillos (el ganador de la encuesta fue Harry Potter y la Orden del Fénix, merecidamente). En primer lugar me quedó grabada la encuesta sobre cuál fue el libro que influyó más por fuera de los límites del género, entre las opciones más votadas quedaron Frankenstein, Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino, El Señor de los Anillos y 1984 en el primer puesto. Uno de los comentaristas señaló que entre las opciones de la encuesta faltaba Altneuland del fundador del Movimiento Sionista, Theodor Herzel, publicado en 1902. No me había detenido a pensarlo antes, pero si se aplica una definición lo suficientemente amplia como para incluir a 1984 de George Orwell dentro del género de la ciencia ficción, entonces Altneuland también pertenece al género.

En la novela Herzl describe su visión utópica de cómo sería el futuro Estado Judío, el argumento trasncurre en su mayoría en el año 1918. Para ser más preciso, aclaro que en Altneuland Herzl no habla de un estado independiente del Imperio Turco sino de la "Nueva Sociedad", una especie de cooperativa gigante cuyos habitantes, tanto judíos como árabes, viven en un paraíso social justo e igualitario (¡cuán diferente es su leyenda de nuestra realidad!). Además, como es habitual en la ciencia ficción, la tecnología tiene un lugar central en la obra, hasta se puede hablar de especulación científica: en la ficción de Herzl en el '18 ya existe el "Canal de los Mares" que conecta al Mar Mediterráneo con el Mar Muerto, la diferencia de altura entre los dos mares conectados (el Mar Muerto está a 420 metros bajo el nivel del mar), causa una corriente que se aprovecha para generar energía eléctrica.

La influencia de Altneuland no fue tan decisiva como la del ensayo titulado El Estado Judío (1895) del mismo autor, pero sin lugar a dudas también fue inmensa. Altneuland, traducido literalmente del Alemán (idioma en el fue escrita la obra), significa nueva vieja tierra, pero el líder sionista Najum Sokolov lo tradujo más libremente al hebreo como Tel Aviv. "Tel" se le llama a cierto tipo de sitio arqueológico y "Aviv" significa primavera, yuxtaponiendo las dos palabras se representa la idea de la renovación de lo antiguo presente en el título original. Este año se conmemora el centenario de la fundación de aquel suburbio a las afueras de Yaffo que pronto adoptó como nombre el título de la novela de Herzl y que se fue convirtiendo en una de las principales ciudades de Israel: me refiero a "la primera ciudad hebrea", "la ciudad sin descanso", Tel Aviv. En Tel Aviv, hace hoy 61 años según el calendario hebreo, fue declarada la independencia del Estado de Israel.

Es increíble como Julio Verne se anticipó a su tiempo con la idea del submarino y la del viaje a la luna. Mucho más increíble es que haya llegado a realizarse esa otra idea tan fantasiosa, digna de la ciencia ficción: el retorno de los judíos a nuestra patria ancestral, la renovación de la soberanía judía sobre la Tierra de Israel luego de 2000 años, la creación del Estado Judío.

¡Feliz Día de la Independencia! ¡Jag Sameaj!


Véase también:
* Texto de la Declaración de la Independencia
* 60 años de sentimientos encontrados
* 18 novelas de ciencia ficción

viernes, 24 de abril de 2009

Harry Potter y la priedra sionista

Esta semana el artículo destacado de la wikipedia en español es la biografía de la escritora británica J. K. Rowling. Hojeándolo llegué al artículo acerca de los debates religiosos sobre Harry Potter y me enteré que:

Los debates proceden principalmente de conservadores religiosos que aseveran que las historias de Harry Potter contienen elementos de ocultismo o incluso satanismo. Esta oposición abarca muchas líneas religiosas, con protestantes, católicos, cristianos ortodoxos y musulmanes chiítas y suníes argumentando en contra de la saga.

Ejem, ejem, un momento, ¿y los judíos? ¡Aquí hubo fiesta y a nosotros no nos invitaron! Se me ocurren tres posibles explicaciones a la ausencia de la más vieja de las religiones abrahámicas en esta cruzada contra el demonio.

1. Consideremos primero la posibilidad más obvia y plausible, Harry Potter, al igual que Tom y Jerry es una cospiración sionista. Menos mal que los ayatolas, siempre tan alertas, no se dejan engañar:

Aunque los libros de ''Harry Potter'' se encuentran a la venta en Irán, una editorial del periódico dirigido por el gobierno ''Kayhan'', ligado al Líder Supremo de Irán, el Ayatollah Alí Jamenei, criticó al Ministerio de Cultura y Orientación Islámica por aprobar la distribución de la novela final de la saga. La editorial aseveraba que el libro «incluye palabras y frases destructivas que se oponen a los valores [de la República Islámica]» y que la seguridad de los aeropuertos había fallado al «[confiar en] el editor británico-estadounidense que tiene colaboradores sionistas, como la Warner Bros». La editorial describió los libros como «proyecto sionista» y aseguró que los «sionistas han gastado miles de millones de dólares» en él.

2. Las únicas autoridades religiosas judías lo suficientemente primitivas y supersticiosas como para adoptar una crítica similar a la de sus colegas cristianos y musulmanes no deben haber leído ni visto Harry Potter, eso implicaría perder un tiempo precioso mejor empleado en estudiar la torá y el talmud. Rabinos de distintas corrientes pusieron el grito en el cielo cuando las librerías abrieron a las dos de la mañana de un sábado, violando la prohibición religiosa de trabajar o hacer transacciones comerciales en Shabat, porque salía a la venta en simultáneo en varios países "Harry Potter y las reliquias de la muerte". Pero hubieran hecho lo mismo aunque en lugar de instruir a los niños en la magia negra, el libro fuera un catálogo de precios de alfombras descocidas, el problema no fue el contenido sino la violación del shabat.

3. Algún rabino quejoso tine que haber habido, puede que Jimbo Wales y sus secuaces no lo hayan encontrado aún y por eso no está incluido en el artículo.

domingo, 19 de abril de 2009

Eduardo Galeano a sol y sombra

Hugo Chavez le regala "Las venas abiertas de América Latina" a Barack Obama e inmediatamente el viejo éxito de escritor uruguayo Eduardo Galeano sale disparado en las listas de ventas de Amazon.com hasta alcanzar un puesto entre los diez más vendidos. Ese libro para mí tiene un valor especial, me influenció mucho cuando lo leí a los 16 o 17 años.

Encantando y conmovido por los textos de Galeano en "El Libro de los Abrazos", fascinado por "El fútbol a sol y sombra" a pesar de que ni siquiera me gusta tanto el fútbol, me aventuré también a leer "Las venas abiertas de América Latina". Aunque no es tan divertido cono sus textos cortos, a pesar de que exigen un esfuerzo mayor que estos al lector, está escrito de una forma mucho más amena y entretenida que un libro de Historia convencional, tiene la ventaja de haber sido escrito por alguien que no es un historiador sino un artista de la palabra. Así me adentré un poco en la Historia de ese continente tan vapuleado en el que me tocó nacer.

Lo disfruté, aprendí de él, e hice mía la tesis del libro, según la cual Latinoamérica es una tierra de pueblos que durante cinco siglos fueron explotados y abusados por las distintas potencias coloniales, primero por España y Portugal, más tarde por Francia e Inglaterra y al final por Estados Unidos. Pasaron sus buenos años desde que lo leí y mis recuerdos del libro son algo difusos, el lector que lo tenga más fresco y me quiera corregir bienvenido sea. Recuerdo haberme sorprendido e indignado por los impuestos regímenes de monoproducción que fueron arruinando a los distintos países como fichas de dominó, tras drenar su oro, plata, azúcar o café, me acuerdo cómo Brasil particularmente, parecía caer una y otra vez en la misma trampa. Y así como Galeano a Brasil le dedica buena parte del libro, al caudillo uruguayo José Gervasio Artigas le dedica las mayores alabanzas, cosa que me llenaba de orgullo. Y junto al orgullo y la indignación, el libro fue engendrando en mí un resentimiento centenario hacia todos esos invasores colonialistas, esos cerdos capitalistas, esos "malos europeos y peores americanos" como diría el prócer, como si mis antepasados hubieran tenido que vérselas con las tropas del Virrey del Río de la Plata, en lugar de con los kosacos de Europa oriental.

Y sin embargo, aún en aquella época, a pesar del reconfortante sentimiento que me transmitía el libro, explicándome que yo soy el bueno y dejándome claro a quién tengo que apuntar con el dedo para señalar como el causante de todos mis males, percibía que estaba ante una visión del mundo demasiado simplista. Años más tarde, leí los artículos de Galeano sobre un terruño cuya historia conozco mejor que la de América Latina. Al notar los disparates que escribe este mismo señor sobre Israel, parcializados hasta el extremo, plagados de odio y prejuicios, compuestos por una mezcolanza de verdades a medias con datos descaradamente falsos, me pregunto cuánto de este tipo de desvirtuación fanatizada de la realidad tiñe también a ese libro suyo que tanto admiro.

Una de las cosas que me hizo sospechar en un principio cuan limitado es el prisma de Galeano, fue su desbordante y compulsivo apoyo a la dictadura de Fidel Castro. Hasta en "El fútbol a sol y sombra" en cada capítulo dedicado a un mundial de fútbol a partir de cierto año (¿1962?), Galeano cuela una misma frase en alabanza a Castro, resaltando como luego de pasados otros cuatro años todavía sigue en el poder a pesar de las predicciones de sus opositores. Que alguien me explique qué cuernos tendrá que ver eso con la reseña de un campeonato de fútbol. Muy efectivo el escritor a la hora de denunciar al yugo que oprime al continente, lástima que su alternativa fuera que el buey cambie de amo otra vez más.

Uno de mis textos favoritos de "El libro de los abrazos" es el primero, el de los fueguitos, ese que dice que cada persona es como un fueguito distinto, más o menos grande, brillante, cálido, chispeante o fugaz. El mundo, tal como me enseñó Galeano, es un mar de fueguitos, lástima por el que ve siempre sólo dos grandes fogonazos, el bueno y el malo, el proletario y el reaccionario, el latinoamericano y el yanqui, el palestino y el israelí.


Post relacionado:
* Estados Unidos. Rencor como sudamericano, agradecimiento como israelí.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

El Mercader de Sderot

¿Es que un israelí no tiene ojos? ¿Es que un israelí no tiene manos, órganos, proporciones, sentidos, afectos, pasiones? ¿Es que no se alimenta de la misma comida, herido por las mismas armas, sujeto a las mismas enfermedades, curado por los mismos medios, calentado y enfriado por el mismo verano y por el mismo invierno que un europeo? Si nos pinchan, ¿no sangramos? Si nos hacen cosquillas, ¿no nos reímos?, Si nos hacen explotar con explosivos, ¿no nos morimos? Y si bombardean nuestras ciudades, ¿no atacaremos? Si nos parecemos en todo lo demás, nos pareceremos también en eso.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Su fama lo precede

En 1953 se estrenó en el prestigioso teatro de Tel Aviv, Habima, la primera obra de teatro del gran humorista israelí, Efraim Kishón, titulada "Su fama lo precede". 55 años más tarde, a poco más de tres años de la muerte del drmaturgo, el elenco de otro de los principales tetaros de Tel Aviv, Hacameri, vuelve a subirla a escena. Esta sátira mordaz a la burocracia israelí, sigue siendo tan cómica y tan actual como el primer día, si no más.

Zvi Frochkin, un olé jadash (nuevo inmigrante) recién desembarcado, se hospeda en la casa de un primo suyo, que habían inmigrado años antes. La mujer del primo, a quien no le place tener que hospedar al inmigrante quiere quitárselo de encima cuanto antes, consiguiéndole un empleo a toda costa. La pareja convence a Zvi de presentarse como candidato a un puesto de ingeniero en una importante oficina gubernamental, a pesar de que no es ingeniero, ni cuenta con ninguna de las cualifacaciones mínimas requeridas para el empleo. Incluso, Itzjak Lebanón, un viejo desempleado, inquilino en la casa de la pareja es forzado por la mujer a ayudar, redactanto una pomposa y altisonante nota de recomedación firmada a su nombre.

Una serie de confuciones hace creer al director general de la oficina que la nota de recomendación procede de un influyente miembro de un partido político, por lo que termina cediéndole su propio puesto. Con menos de dos semanas en el país, sin dominar del todo el idioma ni los usos y costumbres de su nueva patria, Zvi se ve forzador a lidiar con la dirección de una oficina hundida en un caos burocrático. Al menos contará con la ayuda y la sabia guía de la única funcionaria honesta y eficiente, la empleada encargada de servir el té. Cuando, contra todo pronóstico, Zvi quita a la oficina de su estancamiento y empieza a dar servicios al público, los administradores anteriores deciden hacer todo lo que esté a su alcance para revertir la situación y volver a tomar las riendas del asunto.

Uno de los motivos de la obra, recurrente en otras obras de Kishón, es el inmigrante que llega a la tierra prometida y descubre que no todo aquí es oro, leche y miel, cosa que Kishón, inmigrante húngaro, vivió en carne propia. Si bien el en ese aspecto la obra tiene un tinte muy local, el lector o espectador extranjero puede sentirse identificado con el tema universal del choque entre el idealismo y la realidad. Por supuesto, el exceso de burocracia y la corrupción gubernamental tampoco son exclusividad del Israel de los años cincuenta. Es triste ver que poco ha cambiado en más de medio siglo, como las prácticas que denuncia la obra se siguen llevando a cabo de una forma u otra. Por otro lado, me parece que hoy en día es mucho más difícil cometer un acto de corrupción y quedar impune, ni siquiera el Primer Ministro está a salvo.

Sobre Efraim Kishón nos dice la wikipedia:

Nacido en Budapest, Hungría, en 1924, fallecido en Suiza en el 2005; escritor, humorista satírico, dramaturgo y cineasta israelí. Fue el primer director de cine israelí cuyas películas fueron nominadas al Óscar y el único cuyas películas ganaron el Glogo de Oro (Sallah Shabati en 1965 y Ha-Shoter Azulai en 1972).