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sábado, 5 de febrero de 2011

Cuando el chiste requiere explicación

Un cineasta español, Nacho Vigalondo, hizo desde su cuenta de twitter el siguiente chiste:

“Ahora que tengo más de 50.000 followers y me he tomado cuatro vinos, podré decir mi mensaje: ‘El holocausto fue un montaje’”

Seguido de otra serie de chistes sobre el Holocausto. Se armó un buen escándalo. Los detalles según el director's cut: aquí.

Para explicar cuál es el problema con dicho chiste parto de la base que:
  1. Como decía en un post de hace un par de años sobre la película de Roberto Benigni, "La Vida es Bella", es perfectamente legítimo utilizar el humor en el contexto del Holocausto. Más aún, no hace falta que sea una película con un mensaje profundo sobre el Holocausto, la vida, la paternidad, etc, también es legítimo contar un chiste sobre el Holocausto que sea totalmente banal. Un viejo ejemplo: "¿Cómo entran cuatro alemanes y diez mil judíos en un Fiat 600? Dos alemanes adelante, dos alemanes atrás y diez mil judíos en el cenicero".
  2. Pero si ya te pones a contar un chiste sobre el Holocausto y te arriesgas a ofender a no sé cuanta gente, al menos que sea un chiste bueno.
  3. Qué es un chiste bueno. Eso es muy discutible y muy subjetivo, pero una cosa es segura: si es necesario aclarar que se trata de un chiste, si es necesario explicar cuál es el chiste, el chiste es malo. Volviendo al ejemplo del Fiat 600: ¿hace falta explicar que es físicamente imposible, que no puede tratarse de una propuesta seria de como ingresar toda esa gente en un auto? Bueno o malo, el chiste no requiere aclaración.

Si no me aclaran que el chiste de Vigalondo es eso, un chiste, no me entero. No porque yo sea una persona malhumorada incapaz de captar una ironía. Sino porque todavía hay demasiada gente que niega el Holocausto con toda la seriedad del mundo, sin la menor pizca de ironía: he ahí el problema. Porque hay gente como Quique Alcedo, que escudándose en la libertad de expresión, sigue reavivando las viejas teorías conspiranoicas de la dominación judía mundial (más políticamente correctas que las conspiranoias negacionsitas, pero provenientes del mismo tradicional antisemitismo que aún echa raíces en el viejo continente). Son los Quiques Alcedos que nos arruinan el chiste de Vigalondo. Esa gente dice cosas tan absurdas que provocarían risa, pero al ser tantos y al decirlas tan en serio, más que risa dan miedo.

A raíz de este asunto ha surgido una nueva moda de parodiar chistes hasta volverlos políticamente correctos: "¿Cómo entran cuatro alemanes y diez mil judíos en un Fiat 600? No entran, es físicamente imposible". La encuentro muy divertida. Pero lo que no parecen darse cuenta los parodistas es la diferencia fundamental entre esos chistes y el chiste de Vigalondo. Esos chistes se entienden sin necesidad de explicación, la graciosa parodia en ese ejemplo consiste en la absurda tarea de explicar lo obvio. Pero justamente, el chiste de Vigalondo no es obvio, me gustaría ver como se las arreglan para parodiarlo.


Otro caso polémico de chistes malos sobre un tema sensible:
* Jesús sí es tema de sátira.

sábado, 6 de marzo de 2010

Reconocer el Genocidio Armenio

Durante la Primera Guerra Mundial, de 1915 a 1917, los turcos asesinaron a un millón y medio de armenios. Aunque existen varias diferencias, por las dimensiones de la matanza y su sistematización, el Genocidio Armenio es el evento histórico más parecido a la Shoá, por lo que también es conocido como el Holocausto Armenio. Existe un amplio consenso entre los historiadores de que las matanzas no fueron solamente el resultado de luchas étnicas por motivos territoriales, sino que el Imperio Turco Otomano llevó a cabo una deliberada política de exterminio. La actual República de Turquía niega que se haya tratado de un genocidio y amenaza con romper relaciones con cualquier país que reconozca oficialmente el Genocidio Armenio.

El jueves un comité del Congreso de los Estados Unidos aprobó una moción para reconocer el Genocidio Armenio. La moción aún no tiene validez hasta que sea aprobada por el Congreso en su conjunto. Hillary Clinton ha anunciado que la administración Obama hará todo lo que esté a su alcance para que no sea aprobada. Claro, otra actitud digna de un Premio Nobel de la Paz. Decían que no se lo habían dado por los logros que aún no ha obtenido, sino por sus esfuerzos y buenas intenciones. Ya ni eso le va quedando, ¿buenas intenciones un activista negacionista? Entiendo que EEUU tiene sus intereses en la zona y por motivos estratégicos Obama no quiera dañar sus lazos con Ánkara. Pero de ahí a poner todo su empeño en negar el Genocidio Armenio, como da a entender su Ministra de Exteriores, hay un gran trecho. Ahora falta que destituya a Clinton y la reemplace con David Irving. Digo yo, con el debido respeto a la importancia estratégica de Turquía, si Obama resistió las presiones nada menos que de China, se juntó con el Dalai Lama y siguió con la venta de armas a Taiwán, ¿no puede resistir las presiones turcas?

Israel también está en la obligación de reconocer oficialmente el Genocidio Armenio, es profundamente vergonzoso que el estado del pueblo que sufrió el genocidio más grande de la historia, que destina cantidades de recursos para preservar su memoria y sabe muy bien lo que es lidiar contra el negacionismo, aún no lo haya hecho. Israel se encuentra frente a Turquía en una situación más delicada y precaria que la de EEUU, se trata de uno de los únicos países musulmanes que reconocen a Israel y mantienen relaciones diplomáticas. Desde la Operación Plomo Fundido las relaciones entre ambos países se vienen deteriorando. Si Israel reconoce el Genocidio Armenio en estos momentos, corremos el peligro de que Turquía no sólo cancele las relaciones diplomáticas sino que acabe de alinearse con el eje Irán-Siria-Hezbolá-Hamás. La posible alianza entre un país que ya ha cometido genocidio y lo niega, con otro que niega la Shoá y desarrolla armas nucleares, da miedo. Aún así, Israel tiene que buscar la forma de reconocer el Genocidio Armenio lo antes posible. Nuestro Ministerio de Exteriores ya ha puesto en peligro las relaiciones diplomáticas con Turquía en haras del honor nacional por asuntos de mucha menor envergadura, ya va siendo hora de restaurar en serio ese honor reconociendo la Shoá Armenia.


Véase también:
* Las siete preguntas sobre el Genocidio Armenio
* Reconocimiento del Genocidio Armenio (wikipedia en inglés)

miércoles, 27 de enero de 2010

Área determinada para apátridas

Ese era el eufemismo que las autoridades militares japonesas empleaban para referirse al gueto de Hongkew, en el distrito del mismo nombre. El único gueto judío del mundo que no estaba en manos de los nazis. La idea de recluir a todos los judíos había surgido a raíz de la visita secreta (aunque en Shanghai las únicas cosas secretas eran las que no tenían lugar, todo lo demás acababa por saberse más tarde o temprano) del coronel de las SS Josef Meisinger, el jefe de la Gestapo en Tokio, con el fin de trasladar a las autoridades militares japonesas el resultado de la Conferencia de Wannse, en la que se había aprobado la "solución final" para la "cuestión judía". El plan de Meisinger pasaba por apresar a los judíos cuando estuvieran celebrando el Rosh Hashanah, el día del Nuevo Año judío, embarcarlos en paquebotes, conducirlos hasta alta mar y dejarlos morir de hambre. Otra posibilidad pasaba por llevarlos hasta la isla de Tsungming, un lugar desierto, donde los judíos no tardarían en devorarse los unos a los otros ante la falta de agua y alimentos. A cambio los japoneses recibirían los bienes que incautaran a los detenidos. El gobernador militar de Shanghai congregó entonces a los principales líderes de la comunidad hebrea, a quienes pregunto la razón por la cual los alemanes sentían tanto odio hacia ellos. El Rabi Simon Kalish le dijo al traductor: "Di al gobernador que los alemanes nos odian porque somos orientales." La respuesta de Kalish provocó una leve sonrisa en el militar japonés, que tenía fama de hombre serio. Como consecuencia de aquella reunión, los japoneses se limitaron a encerrar a los judíos "sin patria", es decir, de Alemania y aquellos países que habían quedado bajo su dominio, en un gueto sin alambradas pero bajo un férreo control policial, la llamada "área determinada para apátridas". Un total de veinte mil hombres, mujeres, niños y ancianos. El resto, otros once mil, se libraron de ser recluidos, siempre y cuando no poseyeran pasaportes expedidos por gobiernos hostiles como el británico o el norteamericano. De modo que los cerca de ocho mil judíos "sin patria" que por entonces residían fuera del distrito de Honkew, se vieron forzados a vender sus hogares y negocios a precios irrisorios y a instalarse en el "área determinada para apátridas" antes del 18 de mayo de 1943, fecha límite impuesta por las autoridades japonesas.

El anterior es un fragmento tomado de la novela "El judío de Shanghai" (2008) de Emilio Calderón. Martín Niboli, cónsul de España en Shanghai (personaje ficticio) investiga la misteriosa muerte de Leon Blumenthal, un amigo suyo recluido en el "área determinada para apátridas", y a la par intenta rescatar a su viuda, la hermosa Norah, de quien está perdidamente enamorado y por la cual se había instalado en Shanghai años antes. El libro me pareció interesantísimo, una buena forma de conocer un poquito acerca del Gueto de Shanghai y otras atrocidades cometidas por los japoneses en China durante la Segunda Guerra Mundial, como los experimentos con armas biológicas y la explotación de mujeres como esclavas sexuales para sus soldados. Me gustó, aunque debo decir que los personajes me resultaron poco creíbles, por ejemplo Niboli, tan pero tan bueno que acepta el cargo de cónsul a pesar de ser secretamente anti-franquista, para poder ayudar a los republicanos prófugos, como si no le alcanzara con ayudar a los pobres proporcionándoles servicios médicos casi gratuitos y rehabilitar a una esclava sexual. Así no sorprende que se le oponga el temible y malvado coronel Fukuda, casi tan malo como el talibán de Cometas en el cielo. En fin, una recomendable novela histórica, con todo lo que se le puede pedir al género: amor, guerra, intrigas, misterio, espionaje, Mao Tse Tung, y un insuperablemente exótico revoltijo humano que incluye judíos, chinos y japoneses.


Relacionado:
* 27 de enero: Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto
* The Fugu Plan

miércoles, 30 de abril de 2008

El Holocausto a través del humor

Mañana es el aniversario del levantamiento del Ghetto de Varsovia según el calendario hebreo y en Israel se conmemora el Día del Holocausto, día en que se rinde homenaje a la memoria de los seis millones de judíos asesinados por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, en su industrial intento por exterminar a los judíos, al que denominaron "La solución final".

Tema grave, en principio no da para reírse. Yo no me cuento entre los que condenan cualquier chiste de humor negro sobre el tema como una imperdonable falta de respeto a las víctimas. Pero sí me parece que aunque sea un día al año es bueno parar y reflexionar, vale la pena tomarse el tema en serio. Tomárselo en serio no significa anular el humor, el humor bien entendido es cosa seria. Una muestra de ello es la película de Roberto Benigni, La Vida es Bella (1997). El film cuenta la historia de un padre judío que hace todo lo posible para que su hijo no se dé cuenta de la situación que está viviendo en la Italia de la Segunda Guerra, mediante la imaginación y el humor. Las cosas se complican cuando padre e hijo son enviados a un campo de concentración, pero el padre no se resigna y hace todo lo posible por ahorrarle el sufrimiento a su hijo.

La película ganó muchos galardones incluyendo los Óscar a la mejor película extranjera y al mejor actor. También causó una gran controversia por la forma en que trata el tema del holocausto. Los detractores afirmaban que muestra los horrores del Holocausto como si hubiesen sido una cosa liviana, incurre en varios imprecisiones en cuanto a la descripción de los hechos históricos (los campos de concentración no estaban ubicados con vista a tan hermosas y pastoriles montañas, por ejemplo), y toma el tema demasiado a la ligera. En cuanto a los errores históricos estoy de acuerdo. El cineasta tiene licencia artística, crea una obra de ficción que no tiene obligación de apegar a la verdad histórica, pero por otro lado, sus películas contribuyen más que cualquier libro de historia a formar la imagen sobre el tema que queda grabada en el subconsciente popular, lo que conlleva una responsabilidad que no debería ser ignorada.

Lo que no comparto es la condena al uso del humor. Hay muchos métodos para tratar el tema, no todos tienen por qué acabar en lágrimas (La Vida es Bella te puede hacer derramar unas cuantas, pero ése no es el punto), el humor se puede aprovechar y no hay motivo para descartarlo. Benigni no se toma el Holocausto a la ligera, todo lo contrario, nos ofrece una película muy conmovedora sobre la posibilidad de amar y mantener la esperanza aún en las situaciones más crueles. Es cierto que el Holocausto sirve de trasfondo a la historia romántica y a la de amor filial, es decir, que es el trasfondo y no lo central. Pero el hecho que tome al Holocausto como ejemplo de la peor situación posible, demuestra que no le resta importancia. Uno podrá compartir o no la visión optimista del cómico italiano, pero su planteo es totalmente legítimo.

Aquí les dejo el trailer de la película: