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viernes, 16 de mayo de 2008

Estados Unidos. Rencor como sudamericano, agradecimiento como israelí.

El discurso de Bush en la Knesset en honor al 60 aniversario de la independencia de Israel me ha dejado perplejo. Que yo sepa nunca un premier extranjero ha alabado tanto a Israel y declarado su apoyo con tanta firmeza. Ni siquiera los israelíes compartimos una imagen tan favorable de nuestro país como la que trazó Bush en sus discursos. Probablemente la mayoría esté de acuerdo en los puntos en favor de Israel que señaló el presidente de EEUU, los grandes avances tecnológicos, la democracia, la absorción de inmigrantes, la subsistencia a pesar de los constantes ataques y amenazas. Pero no hay ninguno que no tenga también algún punto en contra que añadir, los israelíes somos muy críticos con nuestro propio país.

Es cierto que la imagen positiva descrita por Bush está un tanto inflada, pero a caballo regalado no se le miran los dientes. Entre tanto ataque, condena y demonización, las refrescantes expresiones de apoyo son más que bien recibidas. No examinaré de cerca las caries en los dientes del caballo, pero no puedo evitar sentir rechazo ante su jinete. Como tantas otras veces, se despiertan en mí sentimientos ambiguos ante Estados Unidos. Como israelí me siento agradecido por el apoyo que nos brinda, sin el cual quizás ya habríamos sido arrojados al mar por nuestros vecinos más hostiles, ante el consentimiento silencioso de lo europeos. Como sudamericano, no puedo olvidarme de que Estados Unidos patrocinó una dictadura en mi país y en varios países de la región.

Tampoco puedo dejar de preguntarme si ese caballo, no es sino un gran artefacto de madera que contiene en su interior las semillas de la futura traición. Estados Unidos dice apoyar a Israel por que Israel es una democracia. Como sudamericano que ha visto a Estados Unidos apoyar a quienes derrocaron gobiernos democráticos contrarios a sus intereses, me resulta difícil tomar este argumento al pie de la letra. Creo que el hecho de que se trate de una democracia es de verdad un factor ideológico de peso, pero no el factor determinante, si Estados Unidos apoya a Israel es primero que nada por interés propio, no por amor a Israel ni por amor a la democracia. Ahora que estamos ligados a Estados Unidos con fuertes lazos de dependencia, el día que la balanza de sus intereses se incline hacia otro lado, qué será de nosotros.

No sería la primera vez que una potencia amiga le vuelve la espalda a Israel. Estados Unidos no siempre fue el principal aliado de Israel, durante los primeros 25 años fue Francia. Francia era el principal proveedor de armamento de Israel, hasta que un buen día decidieron que más les convenía amigarse con los árabes. En plena Guerra de Yom Kipur, Francia optó por embargar a Israel y se negó a enviar armamento de refuerzo cuando Israel estaba al borde de la aniquilación, tras ser tomada por sorpresa durante el feriado más sagrado para el judaísmo, en el que la mayor parte de la población ayuna. Al final Israel salió victoriosa, los sirios y los egipcios no esperaban tener un éxito tan veloz, se tardaron en dar la orden para el golpe final, lo que dio tiempo a Israel para reclutar las tropas y contraatacar. La brillante maniobra militar que Ariel Sharón dirigió en expresa desobediencia a las ordenes de la Primer Ministro Golda Meir, cortó a las tropas egipcias de sus suministros y nos salvó el pellejo. Estados Unidos entró en escena con un cargamento de M-16 usadas. Paralelamente encabezó los esfuerzos por poner fin a la guerra y luego dirigió las negociaciones posteriores al cese del fuego.

jueves, 10 de enero de 2008

Sobre oportunidades que no se repiten

Ayer vino Bush a Israel. Como bien señalaron los cómicos locales, la influencia más significativa de la visita del presidente del país más poderoso del mundo a Tierra Santa, ha sido los embotellamientos de tránsito en Jerusalén, a causa de las calles cortadas para la mayor seguridad de Su Majestad, Jorgito Segundo. En lo que respecta al proceso de paz, bien podría haberse quedado en su rancho de Texas y mandar una foto por fax.

El pasado 27 de noviembre se llevó acabo la Conferencia de Annapolis. Me devoré en vivo los largos y suculentos discursos de Bush, Abu Mazen y Ólmert. El de Ólmert, cuando habló de la importancia de reconocer el sufrimiento al pueblo palestino, casi me roba una lagrima. Si con bonitos discursos se obtuviera la paz, el camino ya estaría pavimentado.

Bush decía en aquella ocasión que hay que aprovechar la oportunidad histórica que no habrá de repetirse. Paradójicamente, ocasiones para avanzar el proceso de paz catalogadas como "oportunidad histórica que no habrá de repetirse", se vienen repitiendo sin cesar desde hace años. Se trata de una retórica que va perdiendo su fuerza. Me pregunto yo si acaso alguna de esas oportunidades era verdaderamente irrepetible y ya la hemos perdido. Bush afirmaba que hay que aprovechar ahora, antes de que los extremistas se fortalezcan. El caso es que los extremistas ya se han fortalecido. Hamás ganó las elecciones palestinas en enero del 2006. En un principio formaron un gobierno de coalición con el Fatah, pero en junio del 2007 tomaron por las armas las oficinas de la Autoridad Palestina en Gaza.

Aún cuando Ólmert y Abu Mazen puedan llegar sobre el papel al acuerdo de paz definitivo que no se ha conseguido en quince años, hasta finales del 2008, tal como se comprometieron en Annapolis, es imposible que lo lleven a la práctica. Ninguno de los dos líderes cuenta con el apoyo de su pueblo ni para ir al baño, mucho menos para hacer concesiones de importancia al enemigo. Abu Mazen no ejerce ninguna soberanía de facto sobre la franja de Gaza y su poder en Cisjordania es limitadísimo. Ehud Ólmert, después del desastre de la Segunda Guerra del Líbano se ha convertido en el primer ministro con menor apoyo popular en la historia de Israel. Es probable que Ólmert sea sustituido muy pronto, quizás antes de que venza el plazo tan corto que se fijó para llegar al anhelado acuerdo. Un líder palestino que realmente represente a su pueblo y no tenga por objetivo declarado borrar a Israel del mapa, parece ser algo que va tener que esperar bastante más.

Hoy a la mañana las calles de Jerusalén ya estaban despejadas. El embotellamiento en el proceso de paz, aún tiene para rato.


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* Lleva quince años esperando que el semáforo se ponga en verde.