Me queda claro que del infierno en que se ha convertido la región, la ciudad israelí de
Ashkelón no es más que el limbo en comparación con la Franja de Gaza, que es el noveno círculo o uno aún más profundo al que Dante nunca llegó. Eso no quita que, como ya he dicho en
una entrada anterior, también haya vida de este otro lado de la trinchera.
Desde el comienzo de la
Operación Plomo Fundido hace 15 días, han caído más de 100 cohetes y misiles sólo en Ashkelón. Han causado un solo muerto, un árabe israelí que estaba trabajando como obrero en un edificio en construcción, y varios heridos. Uno de los motivos por los cuales la cantidad de victimas civiles es tan baja, es el uso de refugios públicos y privados. Todos los días, desde la mañana a la noche, seis o siete veces al día suena una sirena que avisa que los habitantes tienen quince segundos para ingresar a los refugios ante de que impacte el proyectil en algún lugar aleatorio de la ciudad. La mayoría de los heridos son personas que no se tomaron suficientemente en serio la alarma y no se apresuraron a cubrirse. Yo personalmente, hasta hace dos semanas tampoco solía alarmarme, sabiendo que la probabilidad de que me caiga justo a mí es ínfima, pero ya son demasiadas personas las que terminaron pagando caro ese mismo razonamiento. Con la frecuencia y constancia actual la amenaza ya se siente en forma mucho más concreta.
Las instrucciones de la Comandancia de la Retaguardia (
Pikud HaOref), sector del ejército que se encarga de las medidas de precaución y protección de la población, siguen siendo que todos los habitantes de la ciudad deben permanecer a una distancia prudente de los refugios. Eso lleva a que la ciudad esté paralizada a medias, con buena parte de la actividad comercial e industrial congelada. También fueron canceladas todas las actividades en las escuelas y centros de enseñanza, lo cual a todas luces resultó una medida muy acertada, gracias a ello el kassam que calló sobre una escuela hace unos días no causó más que daños materiales. A partir de mañana los estudios se renovarán parcialmente en otras de la ciudades que se encuentran en el rango amenazado, pero no en Asheklón.
Por más que se insista en la importancia de ceñirse a las precauciones, no es posible mantenerse 24 horas bajo techo. Hay gente que sigue saliendo al trabajo, a hacer compras u otras necesidades. A mí la alarma me tomó al aire libre sólo en tres ocasiones. La primera vez entré corriendo al edificio más cercano que encontré y me quedé tras una pared que me pareció bastante sólida, lejos de puertas y ventanas. Si hubiera tenido unos segundos más habría buscado un cuarto de escaleras, que es lo que se recomienda usar en estos casos. La segunda vez me sorprendió en una zona descampada, no tenía tiempo para llegar hasta los edificios más cercanos, así que me tiré al piso y me cubrí la cabeza con las manos. La tercera vez fue muy parecida a la segunda, sólo que me encontraba dentro de un automóvil, tanto el conductor como yo nos bajamos y nos recostamos en el suelo boca abajo. Menos mal que no estaba en un ómnibus, donde es muy difícil que todos los pasajeros bajen a tiempo. La verdad es que me sentí un poco ridículo allí en el suelo, pero así es como se reducen las posibilidades de que te alcancen los pedazos de metal que salen disparados en todas direcciones cuando impacta el proyectil. La mujer que murió en la cercana ciudad de Ashdod, quizás se hubiera salvado si hubiera seguido esta medida.
Como comenté el primer día, aunque
no vivo en un bunker, en casa tengo un
refugio muy accesible. Decía que a menos que la sirena suene mientras estoy en el baño llego al refugio sin problema. Hace una semana tuve la posibilidad de comprobar de que incluso desde el baño me da el tiempo: cuando estaba terminando de ducharme justo sonó, estando totalmente en pelotas me cubrí con una toalla y salí corriendo.
Si bien en Ashkelón todavía no se sienten los resultados, a nivel más general ya se empieza a notar que la ofensiva israelí en Gaza está logrando mermar la capacidad de Hamás de atacar a Israel. El primer día impactaron en territorio israelí unos noventa proyectiles, el día de hoy "sólo" veinte.